El INC ha declarado ?inconstitucionalmente? intangible Ambiente Urbano Monumental las diez primeras manzanas de la Av. Arequipa "por ser emblemática de la ciudad de Lima de la primera década del siglo XX" (Resolución Directoral Nacional Nº 1011/INC); e incluso, prohibido que la Universidad Tecnológica construya su local. Y eso es falsísimo e impropio de un ente cultural. El trazo de dicha Avenida (Lima-Miraflores) se originó en el segundo período de José Pardo (1915-1919) al presentarse un memorial de los ayuntamientos de Miraflores, Surco y Chorrillos, anexando un proyecto del arquitecto urbanista Augusto Benavides. De allí que se declarase de utilidad pública la construcción de la citada vía.
La Avenida comenzó a construirse en 1920, en los inicios del segundo mandato de D. Augusto B. Leguía. En su cuadra inicial estaba el Arco Morisco o Arco del Triunfo ?desmontado en 1940?. En la cuadra dos la Plaza Bélgica con el Estibador de Meunier; un Palacio arábigo situado en la cuadra tres, propiedad de un prominente leguiista al que se embargó por el Tribunal de Sanción Nacional. El local de los Fundadores de la Independencia fue la casa destinada para D. Andrés A. Cáceres y en su frontispicio superior ostenta un mosaico polícromo en que se aprecia a Leguía entregándole al héroe los Despachos de Mariscal. Los norteamericanos regalaron por el centenario el monumento a Washington, copia de un Houdon, ubicado en la cuadra cinco.
Acontecido el siniestro golpe del militarismo y del civilismo el 22 de agosto de 1930, uno de los primeros actos del vandálico régimen fue cambiar el nombre de Av. Leguía por Av. Arequipa. No en homenaje a la ciudad mistiana, sino en pleitesía al golpismo del comandante Sánchez Cerro. Por eso, a esa Avenida debería restaurársele el nombre histórico de Av. Leguía. Esa dictadura perversa gobernó con leyes de excepción, expulsó a veintitrés diputados constituyentes apristas (LAS, Seoane, Cox, Heysen, etc.) y en julio de 1932 fusiló en Chan Chan a miles de jóvenes trujillanos en represalia por el asalto al cuartel O?Donovan acontecido el siete de ese mes. Por eso Federico More, el gran escritor panfletario, escribió un folleto contra la gentuza gobernante entonces titulado "El régimen de la zoocracia y el canibalismo".
El forjador de esa Avenida, Augusto Leguía, fue condenado por el Tribunal de Sanción Nacional, organismo no-letrado y profano, a devolver veinticinco millones de soles. No fue una condena penal, sino civil y sin pruebas. Leguía murió prisionero en el hospital naval de Bellavista; horas antes el sanchecerrista Medelius colocó una bomba en ese nosocomio. Falleció pobrísimo. Sólo dejó unas pólizas y medallas. Había llegado al poder más que rico. Reitero, ¿fue ese régimen el de la zoocracia y el canibalismo? Evidentemente. Por eso el INC debería cesar en su pleitesía antidemocrática a una arteria antihistórica que con su nombre santifica al golpismo, al militarismo, la tiranía y al genocidio.

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