Quiere poner una panadería y mudarse a Miraflores. ¡Habrase visto semejante desfachatez! A diferencia de las víctimas mortales del MRTA, cadáveres semiolvidados por una progresía que banaliza la costra inmunda del terrorismo, Lori Berenson caminará libre por un distrito que sus camaradas ideológicos no hubiesen dudado en arrasar, de haber triunfado su sangrienta y temeraria revolución.
Si aspiramos a convertirnos en un país civilizado, hemos de cumplir las leyes que establece la República. Sin embargo, ello no implica que tengamos que soportar hipócritamente la liberación sistemática de los asesinos que desataron una ofensiva feroz contra el país, masacrando sin piedad a todos los que encarnaron la resistencia democrática. Urge repudiar a la ralea terrorista que hoy se asoma a las calles.
La tronante guerrillera de los noventa, la amazona radical que vociferaba lemas incendiarios, pretende reciclarse en pequeña empresaria, abriendo una dizque inofensiva panadería. La señora Berenson nos toma el pelo, se burla de nosotros. Ahora resulta que prefiere las bondades del capital y asume el reto de transformarse en dulce dama emprendedora. Berenson quiere vendernos pan francés en vez de revolución caliente. Del sóviet a la PYME: curiosa mutación. Pese al tiempo transcurrido, ningún peruano digno comprará la levadura podrida de su ideología radical. Miraflores no merece tener entre sus vecinos a una pasionaria anglosajona de dudosa conversión.
La Berenson puede salir de la cárcel apelando a una interpretación blandengue de nuestras leyes y al Saga Falabella de nuestra justicia. Bien por ella. Pero los peruanos tenemos el derecho de exigir a nuestros políticos (también especímenes blandengues) que gestionen su expulsión sin que a nadie le tiemble el pulso. No la queremos entre nosotros. Cuba es una buena elección, un excelente destino si la señora Berenson aún mantiene la fe en el paraíso comunista. O, si lo prefiere, que regrese a El Salvador, ahora que sus amigos malgobiernan en democracia.
Lo mismo debe suceder con los monstruos senderistas que abrazaron el imperio de la sangre y que hoy se acogen a las facilidades legales del Estado que con tanta saña querían dinamitar. Que Chávez los recoja y Fidel los proteja. Ortega los espera. De lo contrario, en breve surgirán voces insensatas promoviendo la reinserción política de los combatientes de la "guerra interna". Algunos, movidos por la pequeñez de sus talentos; otros, por el cálculo político y el parentesco intelectual, defenderán la formación de partidos electorales bajo el prurito de la memoria. Pronto, para vergüenza de nuestros muertos, tendremos a la Garrido Lecca de candidata al Parlamento. Y a la Berenson de directora de ONG.

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