América Latina y Central parecen girar hacia la derecha política, salvo excepciones como México, Uruguay, Nicaragua y Cuba, esta última pese al asedio constante y perverso al que se ve sometida. Brasil es la incógnita, aunque se teme que persista la tendencia vista el último 4 en las elecciones generales.
Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente, obtuvo el 47.03% de la votación, alrededor de 56 millones de votos, mientras Lula, actual presidente, consiguió el 45.16%, alrededor de 43 millones de electores. La segunda vuelta es este 25 de octubre y persiste la incertidumbre.
Entre el 2000 y el 2022 los gobiernos en América Latina estuvieron dirigidos por organizaciones políticas de izquierda o centroizquierda, con medidas que permitieron la salida de millares de familias de las condiciones de pobreza.
Desde hace un par de años la ciudadanía ha dado un giro en sus opciones eligiendo gobiernos conservadores que ofrecen seguridad, control migratorio y estabilidad económica, aunque el resultado sea generar mayor desigualdad, cuyas consecuencias muestran las movilizaciones de jóvenes en el mundo: Francia, Albania, Marruecos y España, entre otros.
Vivimos en el mundo tiempos de cambio y de crisis, de gran desorden político, donde las fuerzas conservadoras se mueven hacia mayor liberalismo y salidas fascistas, mientras la izquierda no encuentra rumbo claro oscilando entre autoritarismo y democracia electoral.
La segunda vuelta en Brasil importa porque definirá el rumbo latinoamericano y las dificultades en la búsqueda de un mundo mejor para todos sin discriminación, con igualdad de oportunidades, por una vida digna.




