Me acuerdo cuando era chico, íbamos a "robar" fruta, a cazar pajaritos y a ponernos en contacto con la naturaleza en Camaná y uno de nuestros principales amigos era el sapo. Un batracio que ayudaba mucho a los agricultores, porque se comía los insectos perjudiciales para el agro.
Mi madre que en paz descanse les tenía terror. Ese miedo me lo contagió un poco a mí, hasta que comprobé que esos animalitos no hacían daño y que no ponían mayor reparo en dejarse pescar, jugar con ellos, etc. Comían que yo me acuerde, maíz y como tengo dichos insectos.
Usted dirá, qué tiene que ver todo esto: Resulta que los sapos han desaparecido y que tampoco hay en ríos, acequias, lagunas, etc., ni sapos, ni "ocollos", ni renacuajos, ni "Bagres", ni mucho menos las truchas, que la contaminación se ha encargado de liquidar.
Ayer hablaba con algunos amigos y la verdad es que no hay sapos ni para remedio. Porque me acuerdo que para la varicela, se pasaba la "pancita" del sapo por la zona afectada y había una gran mejoría.
No era cierto, como alguna vez me decía mi madre, que los sapos se prendían de cualquier parte del cuerpo y había que sacarlos con una plancha caliente. Su miedo, yo diría pánico a esos batracios, le hacía suponer que eran agresivos, cosa que no ocurría realmente.
Incluso para mi madre era una terrible pesadilla (la más cruel de todas) soñarse con un sapo. Pero así era la cosa. Son fobias que suelen darse.
Ahora, lamentamos que ese animal, tan común en Arequipa, en Camaná y en todo lugar donde reine la agricultura, es una especie virtualmente en extensión. Salvo que por allí alguien haya tenido el cuidado de criarlos en cautiverio y que tengan un sapo o más, y que haga algo o los ponga a disposición para buscar una reproducción.
Claro que los que no han desaparecido son los "sapos humanos" que la jerga criolla llama a las personas apasionadas por enterarse de lo que no les interesa. "No seas sapo" le dicen a alguien que se entromete en un asunto determinado, dejando de ser prudente.
Caso típico de la destrucción de la especie que sufrimos a consecuencia de la mano del hombre. En el caso del río Chili, la cosa no es solamente por las aguas servidas. Resulta que desde "arriba" ya vienen las aguas contaminadas por el uso de detergentes. Y ese mal se ha extendido a muchos confines agrícolas o por donde pasa hasta una acequia.
Salvando las distancias nos vamos al mar. Creíamos que las sabrosas machas ya estaban en extinción pero han "reaparecido". Siendo cosas distintas, abrigamos la esperanza que los sapos vuelvan muy pronto.