Opinión

Caída libre

Columna de Gerardo Cailloma

29 de Octubre del 2017 - 07:26 Gerardo Cailloma

La semana que acaba estuvo plagada de hechos lamentables en el marco de una serie de inacciones políticas que han generado rechazo y protestas en el tejido social. Todo empezó con la cuestionada efectividad del censo nacional, cuyo principal objetivo era recoger una base de datos más actualizada de un país que está experimentando fuertes cambios sociales. Esta serviría para planificar, pues se contaría con una información actualizada que intente dar una mejor radiografía de la sociedad peruana. Un censo es un proceso complejo y extenso, pero que permite a una institución (en este caso, el Estado peruano) tener un panorama más claro del tejido socioeconómico y cultural del país. Un censo, de ser bien estructurado y planificado en su extensión, levanta información valiosa para el que lo organiza. En su planificación la batería de preguntas es crucial, ya que se obtienen datos precisos para los sectores que conforman, en este caso, el sistema estatal. El de este domingo 22 presentó problemas previos; peor aún en su desarrollo, al evidenciarse las fallas del proceso (la planificación fue, en algunas zonas, desastrosa) y la presencia de una universidad cuyo líder se ve envuelto en frecuentes escándalos de corrupción y tienta el sillón presidencial. La tormenta mediática causó, dos días después, la renuncia de Aníbal Sánchez, jefe interino del INEI. Fuera de las irregularidades, hubo un incidente que está mostrando esa cara de nuestra sociedad que oculta sus vergüenzas: la presunta violación de una censista en Villa El Salvador. El potencial acusado está en prisión preventiva. Sin embargo, la reacción de diversos sectores ha sido interesante y cuestionable. Cierto es que hasta no se compruebe el hecho, no existe culpable; pero nuestra tendencia es hallar más evidencias de culpabilidad en la víctima que en el autor del hecho. Basta recordar los inauditos argumentos de algunos congresistas que votaron en contra (16) o se abstuvieron (8) para ajustar más la ley para combatir la violencia familiar y de género. O la posición expuesta por el periodista Christian Bayro, merecedor de críticas de sus mismos colegas. O las desencajadas declaraciones de Maritza García, quien renunció a la Presidencia de la Comisión de la Mujer del Congreso. Las razones esgrimidas en esa lamentable sesión del 04 de octubre que presentan a la mujer con visos inherentes de culpabilidad sintetizan la lógica de mucha gente en nuestro país. Quizá bajo esta sugerente perspectiva podamos atenuar el triste ranking de violadores que sitúa al Perú en un puesto privilegiado.Cerrando la semana, la renuncia de Pablo de la Flor a la entidad responsable de la reconstrucción. Cabe recordar que aún no se dan evidencias del millonario gasto preventivo del supuesto Niño del 2016, ni se ha saneado legalmente la situación de zonas de riesgo; quieren reconstruir sin propuestas coherentes y coercitivas. Después tendremos los consabidos lamentos de siempre.

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