En diciembre del año pasado estuve en Huancayo con motivo del VIII Congreso Empresarial el Centro del Perú que tuvo a este diario como uno de los organizadores, en el cual quedó claro que la construcción de la Nueva Carretera Central a un costo de 25 mil millones de soles para unir a Ate-Vitarte con La Oroya en máximo tres horas y media, es una necesidad impostergable para el desarrollo de esa zona del país, hoy encajonada en los macizos andinos, y unida a la capital por la vía estrecha y peligrosa que conocemos.
El proyecto consiste en una vía elevada de 185 kilómetros con dos carriles de ida y dos de vuelta, que beneficiaría a 10 millones de peruanos. En 2017 la obra fue declarada de interés nacional. Sin embargo, es innegable que hasta el momento no se había colocado ni la primera piedra para malestar de los peruanos, pero en especial para los de Junín, Huánuco, Pasco y Ayacucho, que necesitan la nueva carretera si quieren viajar con seguridad y ampliar sus mercados, e incluso llegar a puertos como los de Callao y Chancay.
Lamentablemente, en una situación que no ha quedado del todo clara, el gobierno peruano ha resuelto el contrato con el consorcio francés PMO Vías, cuyos representantes estuvieron presentes en el evento de diciembre último de Huancayo, donde no faltaron los justificados reclamos de los empresarios locales por los retrasos en los trabajos de la nueva carretera que saldría de Lima desde Ate Vitarte con dirección a Cieneguilla, para luego ascender hacia el este por la serranía limeña.
En medio de la guerra de comunicados entre un lado y otro, al centro han quedado los peruanos que van a tener que seguir esperando sentados, quizá unos diez años más, a que algún día al menos se ponga la primera piedra de esta megaobra estratégica que podría cambiar todo el rostro de sierra central del país, que además solo cuenta con el aeropuerto Francisco Carlé, de Jauja, con operaciones aéreas muy limitadas, tanto para movilizar pasajeros como carga.
Ahora que se vienen las elecciones generales, sería bueno que al menos los aspirantes presidenciales y congresales más serios nos cuenten qué tienen previsto para sacar adelante la Nueva Carretera Central, que en los últimos años no ha generado el interés de los sucesivos gobiernos ni de los parlamentarios, ni siquiera a los que provienen de las regiones que se verían beneficiadas por esta vía que ahora solo existe en el papel y en vistosas animaciones virtuales. Tienen una gran deuda con el país.




