Opinión

COLOMBIA Y LOS LOBOS CON PIEL DE CORDERO

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

30 de Enero del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Luego del reciente cobarde atentado del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Colombia -la segunda guerrilla en aparecer en la historia reciente del país cafetero (1964), pues la primera fueron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)- que ha dejado 5 muertos y más de 4 decenas de heridos, la reacción del presidente Juan Manuel Santos en el marco de las negociaciones que habían iniciado en Quito en febrero de 2016, incluso con una tregua de por medio de 100 días, culminada el 9 de enero último, ha sido la esperada. Ya había adoptado la misma actitud cuando las ex FARC en plenas negociaciones, en La Habana, también cometieron atentados. El gobierno colombiano, que también decidió allanarse con los alzados para negociar la paz, lo que jamás debe hacer es mostrarse débil, de lo contrario su colapso sería inexorable.

A diferencia de las ex FARC, el ELN que cuenta con alrededor de 2000 hombres, siempre se ha mostrado como un grupo armado más político que guerrillero. De hecho, las FARC fueron básicamente rurales y el ELN es más relevantemente urbano e ideológico. Su figura emblemática fue el cura Camilo Torres Restrepo, asesinado al poco tiempo de constituirse el ELN, pero que impregnó en sus miembros la consigna de una búsqueda de la justicia social por la violencia, otra de las rarezas de los febriles bandos marxistas y leninistas que aparecieron en América Latina en los años sesenta.

El ataque terrorista en Barranquilla ha remecido al Gobierno y a la clase política. No deben confiar en el ELN ni en las ex FARC. La coincidencia del atentado con el lanzamiento de la candidatura presidencial del exlíder de las FARC, “Timochenko”, sería sintomático. No solo porque entre las FARC y el ELN en el pasado hubo enfrentamientos luego liquidados con su “acuerdo de paz” en 2010, sino porque pudieran estar sorprendiendo al país con una etapa de aparente paz mostrándose como lobos con piel de cordero.

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