Y Dios habría dicho: "Este hombre me gusta mucho, me gusta muchísimo por la forma en que lucha,/ por la forma en que sufre/, por la forma en que a veces fracasa y nunca se da por vencido/ y también porque nunca se queja de nada /y porque además de todo tampoco me nombra mucho"?

Y ahora esto de hablar de la fe como un simple lego, como un laico que no entiende mucho de los preceptos o de las normas que se deben seguir para considerarse un buen cristiano y que lo único que comprende después de tantas experiencias es que la religión católica es en sí misma buena. Buena porque es compasiva, piadosa, bienhechora, pero se fortalece más cuando en vez de proclamarlo se predica con el ejemplo, aquí van algunos casos:
Sé de muchas personas que no teniendo costumbre de ir a la iglesia o de confesarse continuamente siguen los mandamientos de Dios al pie de la letra, especialmente aquél que dice "Amarás a tu prójimo como a ti mismo"; o de otros que aunque les va mal en la vida no dejan de ir a la iglesia y entran en ella con la misma seguridad y firmeza con la que un banquero entrara a su propio Banco. Conozco a un poeta que se ha hecho viejo buscando fallidamente trabajos estables, que vive solo, que apenas le alcanza para vestirse y que ahora con la barba crecida y los pocos cabellos canos que le quedan, sigue yendo a la iglesia de su barrio, según él para agradecerle a Dios por la vida que sigue teniendo, por las cosas que sigue escribiendo.
Conozco también a gente que nunca se enoja por nada, que nunca guarda rencor por nadie y que a cada problema le busca soluciones, ¿no son acaso buenos representantes de Cristo, sobre la tierra?
Y así como estos hay muchos casos más, que contradicen felizmente a otros malos ejemplos que andan por allí y que en todo caso nos demuestran que más que las formas son importantes los hechos, las vivencias?ser auténticos en medio de tanto disfraz.