Con la vara que mides que se mida tu abuela, la tuya, la madre de tu madre, tu propia progenitora, tu estirpe y tu tatarabuela. Pero primero mídete tú porque es preciso que cuando te mires al espejo entiendas que tu estatura, no se parece a la de nadie y que en el fondo de todo nadie merece ser medido.

Mídete primero y después mide lo que quieras: con vara, con metro o con espuela de gallo, pero mídete con rigor, para que no seas capaz de medir la rabia de tu hermano incomprendido. Por último no uses vara, ni metro ni la espuela de gallo de tu gallo: usa la cuarta de tu propia mano, la medida de tu propio pie, tu cálculo al ojo, para que cuando te midas sepas que no eres mejor que el que cruza la calle tras su sombra perdida en la batalla.

Con la vara que mides verifica la distancia que hay entre tu ego y tu miseria para que el día que te toque rendir cuentas al de Arriba, Él se mate de risa mirando que en medio de todo eres un perfecto sobreviviente que ya no debe irse al infierno porque ya tu vida fue el propio averno desatado. Así que mídete nomás tu mismo antes que llueva y truene o caigan rayos sobre tu pararrayos malogrado o te parta en dos el tifón que tu mismo creaste con tu aliento;y descubre quién fue el hijo de su mamá, el heredero de su gloria, que te prestó la vara para que pretendas ser el sastre del barrio midiendo a todos con la medida de tu vaso. Al fin de cuentas con la vara que mides serás medido. Le pasó a todos los animales del zoológico,incluyendo al burro.

Así que no pierdas la fe: con esa misma vara con la que sueles medir la panza y el bonete de los otros, mide tu librillo y tu cuajar, escarba en tu propio cieno para hallarte que mañana cuando el sol ya no te dé en los ojos y verifiques cuando te levantes que te falta todo que en verdad has sido peor que el que acusabas por envidia te faltará llanto para llorar sobre tu cadáver putrefacto y no tendrás ayayeros que te consuelen en la tumba ni nadie que te diga hipócritamente que te ama. Ya no habrá quien quiera medirte en tu ataúd porque los muertos no tienen medida y entonces la vara con que sueles medir a los que pasan sólo te servirá para engañar a los gusanos. Aprovecha: mídelos también. Mídeles su boca de león y su cuerpo de hipopótamo. Los verás como hiena comiéndose tu alpiste. Y ellos mismos, los gusanos, te invitarán a su fiesta con gastos incluidos. Y allí te enterarás que los que afuera mediste gozan de buena salud y se estiran como gatos complacidos en su almohada.

(*) Premio Mundial de Literatura
"Andrés Bello" 2009 de Venezuela