Cuando muere un amigo de verdad sentimos un gran dolor y la impotencia frente a lo inevitable. La memoria recupera todos los momentos y episodios vividos en común y duele. Un amigo entrañable no se presta, ni se endosa, ni se dona. Si no lo fue, no es lícito atribuir esta condición a quien no lo era.
Lamento mucho tener que corregir a la periodista, señora o señorita Flor Huilca del diario "La República", edición del pasado domingo 15 de julio, página 19 - "Política", en la que comete el inaceptable error de afirmar que yo fui uno de los "amigos entrañables" del doctor Héctor Cornejo Chávez, fallecido el pasado miércoles 11. Fui su alumno en el 5° de secundaria del colegio de La Salle de Arequipa, en el curso de riquezas naturales y economía política: admiré su calidad como profesor, sin duda, uno de los mejores que tuve. (Otro error: no fue en la Universidad de San Agustín donde se inició como docente, sino en La Salle).
Efectivamente, el doctor Cornejo fue uno de los fundadores del partido Democracia Cristiana, pero es absurdo y erróneo afirmar que se llamó así porque dicho político era ferviente católico "y quiso vincular sus creencias con su vocación política". Además, fundación que sitúa en fecha equivocada: ¿1995? ¿Y cómo resultó candidato de la D. C. en 1962...? El nombre del partido fue elegido por auténticos demócratas y cristianos de verdad: los señores Luis Bedoya Reyes, Mario Polar Ugarteche, Roberto Ramírez del Villar y Luis Alayza Grundy, entre otros, que tuvieron estrecha vinculación con la Democracia Cristiana alemana, muchos de cuyos principios adaptaron a su ideario y programas.
La señorita Huilca describe con precisión los entretenimientos familiares del doctor Cornejo: conversar sobre literatura y mostrar las filmaciones obtenidas en sus viajes, editadas por él mismo. Pero olvida relatar que H. C. Ch. se entregó "con alma, corazón y vida" a la inicua dictadura de Juan Velasco Alvarado; que fue el primer "director" del diario El Comercio después del asalto de las tropas a ese diario, la misma noche que fueron asaltados todos los diarios de circulación nacional y todos los canales de Tv. La única excepción: el diario "Expreso", que ya hacía más de un año había sido asaltado y usurpado por el dictador, con la consiguiente y automática deportación de su propietario y de su director.
Pero la señorita Huilca olvida el capítulo más importante en la trayectoria política de Cornejo Chávez: fue el autor del famoso decreto draconiano: la "Ley de Auténtica Libertad de Prensa", que exaltaba el asalto nocturno a los medios y entregaba su manejo a "sectores" de la producción y del trabajo. Así, unos diarios pertenecían a los agricultores beneficiados por la Reforma Agraria; otros, a los pescadores de bolicheras, jornaleros de plantas de harina confiscadas y negocios estatizados... en resumen, los medios de comunicación "pertenecían al pueblo". Demás está agregar que el manejo de los medios de comunicación fue tan absolutamente desastroso como el de las 176 empresas del Estado creadas por la dictadura: desde Aero-Perú, Petro-Perú y Pesca-Perú, hasta Pierde-Perú, Fracaso-Perú y Quiebra-Perú.
No hubo posibilidad alguna de que yo fuera "amigo entrañable" del doctor Cornejo Chávez. Sus puñaladas por la espalda a la Constitución del Estado, la democracia, la Ley y el Derecho, a todo lo que él enseñaba en el aula y defendía en el Congreso (con la brillante oratoria que lo hizo famoso), lo convirtieron para mí en un sicópata peligroso e inaceptable. Cuando regresé del exilio de tres años y medio, fui implacable en mi crítica pública a su traición "revolucionaria" a todo lo que había sido y enseñado en su vida. ¿Alguien en La República podría corregir las crónicas de la señorita Huilca...?


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