Aplaudir efectos de la modernidad que conllevan al dinamismo social y económico no es malo, como no es malo resaltar determinados puntos del tratado de libre comercio (TLC) o ciertas bondades de una apertura de mercados congraciadas con la inversión privada. No es malo que el pobre dependa del rico mientras éste no sobreexplote a quienes tienen menos, pero resulta malísimo vivir tras una dependencia pasiva que solo espere el maná del cielo?resulta negativo y dañino socialmente que haya gente que espere cien soles al mes para "hacer lo que se pueda" sin buscar cómo mejorar en algo el ritmo de vida.
La dependencia pasiva es incompatible con la dignidad, dice José Ingenieros en su libro "Fuerzas Morales" y realmente existen verdades que pueden doler pero son verdades al fin y al cabo?los mansos y los ignorantes por falta de confianza en sus propias fuerzas, entregan su destino a la complicidad de los demás. Todo lo esperan de la beneficencia providencial del Estado: profesan los catecismos de sus escuelas, obedecen las órdenes de sus funcionarios, esperan la protección de sus leyes; imploran la merced de sus favores. Sueñan con las ventajas de una burocracia y saben de memoria la ley de jubilaciones.
Con tales hombres es obvio que nada ingrese al mundo y dinamismo del progreso, es lógico que no hayan renovaciones sustanciales a nivel social, político, cultural y económico?es una realidad cruda en una sociedad apática que solo vive el momento y a la espera que "alguien" realice los cambios por ellos; es el panorama tercermundista que más apunta a un sistema eminentemente asistencialista, politiquero y de pobre base innovadora, que aquel tras la búsqueda de creación de cambio y riqueza sin esperar la ayuda de algún "papá" gobierno. La gente que se agranda y no se achica ante el grande sirve mejor a su pueblo, la gente que no depende para pensar, opinar, ejecutar acciones y por último quienes conllevan el hábito de la libre iniciativa, ellos crean vida, cultura y riqueza, en vez de envilecerse en el parasitismo social.
Despertemos en la ciudadanía el hábito de confiar en la propia iniciativa y dejemos de ser dependientes adictos del "más grande", despertemos el sentir de responsabilidad en nuestras generaciones. Lancemos soluciones ante los problemas y valoremos primero lo nuestro ante los retos enfrentados a quienes endiosan todo lo extranjero que si bien es cierto, nos refleja mucho adelanto, ayuda y mejora; también es cierto que cada día estamos dependiendo hasta de modo adictivo de quienes somos sus admiradores acérrimos?cuidado con la dependencia pasiva, cuidado con la dependencia indiferente, impasible y flemática que a nada bueno nos conducirá.

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