Carlos Ordóñez B.
Dice que un expositor internacional, habló de "directores caballos" y "directores águilas", los primeros que no ven más allá de sus cejas y los segundos que tienen una visión amplia, inteligente, sabia, culta, profesional, especializada, en este caso sobre las empresas.
El conferencista se quedó corto, porque no sólo hay "directores caballos", sino también autoridades, funcionarios, docentes, mulas y burros.
Sin embargo, habría que decir por qué esta torpe y estúpida comparación, como estúpidos son los que la repiten. En primer lugar habría que destacar las cualidades del caballo, un animal noble, de gran utilidad a lo largo de toda la historia de la humanidad, héroe de mil batallas, ganador de muchas carreras, dócil, elegante, como el de paso peruano, que cuenta su caminar, con muchas más cualidades; de igual manera, el águila, ciertamente, diligente, ágil, que todo lo ve desde lo alto, un ave de altura, que va más allá de sus ojos, pero entre uno y otro, habría que decir que así como hay algunos que actúan a "caballazo", aquellos que se creen águilas también tienen sus particularidades, porque a veces se convierten en vulgares buitres, aves de carroña que ven su presa desde lejos, tienen ojos para atrapar lo que les conviene y aquello que les es rentable.
En una situación como ésta, cuando se pone enfrente a los animales con los seres humanos, habría que decir, ni caballos ni águilas, sencillamente humanos, seres humanos, gente, personas, porque si algo estamos perdiendo es nuestra condición humana. Nos estamos deshumanizando. Puede haber los mejores científicos, laureados economistas, premios nobel en todas las profesiones, pero si pierden la imagen y semejanza de su Creador, la calidad y calidez humana, la afectividad y la efectividad se convierten en viles animales de alto vuelo que descalifican la convivencia humana, gente robot, sin sentimientos, educación ni cultura, salvajes, intratables, corruptos, torpes al final, en la soledad de su sabiduría y poder.
Si en esta "animalesca" comparación se trata de escoger entre uno y otro, está el asno que en la noche de su nacimiento acompañó al Niño Jesús o el pollino que fue escogido para llevar sobre su lomo al Salvador, el día que entró triunfante a Jerusalén. ¡Qué privilegio! Asno, pero con dignidad, honesto, pobre y sencillo, antes que águila con el pico marcado por la incoherencia, demagogia, mentira y ambición como la de los políticos.

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