Muchos hasta ahora no asimilan y se quedan sorprendidos por los resultados de la economía china. Un pueblo milenario, de una gran cultura tradicional que se mantiene y donde se cobijan más de mil trescientos millones de habitantes, exportando al planeta sus excedentes y lo que produce de acuerdo a sus tecnologías.
Pero pocos saben, o no quieren saber, los verdaderos orígenes de este fenómeno, a los que se les llama "los dragones chinos". Basan todo su esplendor en el buen manejo del Estado, con la participación con reglas claras de la empresa privada, pero sobre todo con la disciplina de todos los actores de la sociedad y la erradicación a cero de lo que signifique corrupción.
A pesar de estar celebrando "el año de la rata", estos roedores solo existen para experimentos científicos, son animalitos a los que cuidan y hasta veneran. La corrupción es penalizada con leyes drásticas, que van desde largos años de encierro e incluso hasta la muerte, agravado en los casos de funcionarios del Estado.
En el Perú no llegamos a los 28 millones de habitantes, pero las ratas nos superan, están en todas las dependencias estatales y son roedores violentos hasta carroñeros.
La revolución china, liderada por el histórico Mao Tse Tung, eliminó todo atisbo de explotación humana, comenzando por una gran revolución cultural.
En la actualidad se ha erradicado al analfabetismo, no hay limosneros en las calles, menos delincuencia y asaltos, ni extremadamente pobres. Es un país de chinos civilizados.
El Estado es el dueño de todas las riquezas y comparte con la actividad privada o mixta, de acuerdo a su planificación, en los rubros que le interesan.
El partido comunista chino es el más grande del mundo y el neoliberalismo no pegó por estos lares.

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