Así se titula el libro escrito por Abimael Guzmán. Libro que por obra y gracia del Ministro de Justicia (Pastor de tortugas) se convertirá en un best seller. Este para disimular la incapacidad de su portafolio- al permitir la salida del manuscrito desde el penal- salió a dar una conferencia de prensa indicando que el libro y sus presentadores hacían apología del terrorismo. No era necesaria esa conferencia, pues con ella, indirectamente, ha hecho apología, promocionando más que nadie al aludido libro. Ha logrado que esa porquería quiera ser leída por todo el mundo, incluido yo, y a la fecha ya es muy difícil, sino imposible conseguirlo. Esperaré la edición pirata. ¿Qué puede decir un criminal esquizofrénico?¿Tratará de justificar sus crímenes? ¿Seguirá más loco que antes? ¿Qué hizo la prisión con él? Peor harían en incautarlo o prohibir su circulación. Lo prohibido se vende más. Y no es que con ese libro uno se vaya a convertir en terrorista sino que hay curiosidad por saber lo que dice ese monstruo, autor intelectual de tantas muertes con extrema crueldad. Es de suponer que con ese mamotreto también asesinará el idioma para no perder la costumbre. No lo veo inspirándose para dar una frase agradable a sus lectores. El estiércol no inspira. Es casi seguro que uno no pueda leer ese libro de un solo tirón. Creo que será un libro aburrido y provocador de arcadas en cada capítulo; habrá que leerlo con el estómago vacío. Después de haber cometido tantos crímenes horribles, ahora quiere amnistía y reconciliación, suponiendo que lo hecho esta en el campo político; por eso llama a su organización criminal "El Partido". ¿De que clase de caca estará hecho el cerebro de este criminal, para confundir política con sadismo homicida? Su alteración psicológica nadie, creo, se atreve a discutir; pero que pretenda salir amnistiado después de todo lo hecho es como sacar a Satanás del mismo infierno.
Quiere vivir el resto de su vida en libertad, cuando él nunca respeto ni la vida ni la libertad de los peruanos. Su odio a la vida de los demás no tuvo medida. Ordenaba muertes mientras se deleitaba en una casa de barrio rico, fumando cigarrillos winston y bebiendo whisky; todos productos burgueses. Igual nomás a tantos izquierdistas que aman la vida fácil. A su lado Elena Iparraguirre, pérfida desequilibrada, arpía chiflada que ahora escribe el prólogo de su libro. Hasta que llegó la policía al mando de Ketín para terminar con esa lacra.
En Piura Sendero asesinó al alcalde Luis Paredes Maceda y al presidente regional Ricardo Ramos Plata, entre los más importantes. Aquí realmente tuvo poca actividad pero dejó su huella sangrienta como en todo el país.