El Nobel de Economía se acaba de otorgar a Elinor Ostrom y Oliver Williamson. El comité destaca sus aportaciones al entendimiento de la racionalidad económica de las transacciones que se realizan "fuera del mercado" y de los acuerdos de cooperación para lograr el "gobierno efectivo", así como la puesta en vigor de mecanismos de resolución de conflictos entre los agentes económicos.
Ostrom ha identificado casos reales en que usuarios de recursos comunales (bosques, medio ambiente, pesca, pastos, caza, agua, etc.) forman asociaciones para el uso racional de éstos y prevenir la llamada "Tragedia de los recursos comunales", que describió Garret Hardin en un influyente artículo de 1968.
Esta "tragedia" de Hardin consiste en que -sin restricciones- cada usuario del bien comunal tiene el incentivo de utilizarlo mientras su ganancia sea positiva, ignorando los costes que su acción impone al resto de los usuarios. Se produce así un conflicto entre el interés individual y el colectivo, cuyo desenlace es la sobreexplotación y destrucción del recurso. La privatización y el consiguiente establecimiento de un precio al usuario sería una de las formas de solucionar la "tragedia".
La premiada Ostrom identifica ejemplos concretos de "acción colectiva" (término acuñado por Mancur Olson) que sin recurrir a la privatización logran prevenir la sobreexplotación del recurso.
Sin embargo, Ostrom es consciente de que la "acción colectiva" deja desatendidos muchos casos de sobreexplotación: el medio ambiente es el caso más obvio.
Williamson, el otro galardonado, ha avanzado la línea de investigación pionera de Ronald Coase (Nobel 1991), según la cual los "costes de transacción " son la clave para determinar en dónde se agota el marco propio de la empresa (que hacia adentro funciona con "planificación central" ) y en dónde se hace imperativa la interacción en el mercado entre empresas y otros agentes para funcionar.
Y demuestra que la integración dentro de una misma firma de ciertas actividades son formas de solucionar los conflictos de interés y las asimetrías que se plantearían con la dispersión de dichas actividades en varias empresas.
A mi juicio, Ostrom no añade mucho a las contribuciones de Mancur Olson (me refiero a "La lógica de la acción colectiva: bienes públicos y la teoría de grupos", 1965) -cuya prematura muerte en 1998 posiblemente le privó del Nobel.
Asimismo, tampoco creo que las aportaciones de Williamson adelanten mucho las tesis del artículo pionero de Coase ("La naturaleza de la empresa", 1937) y las contribuciones posteriores de Armen Alchian y de Harold Demsetz (en particular su "Producción, costos de información y organización económica ", 1971 ).
Desde que empezó la catarsis financiera en 2008, académicos y gobiernos han desempolvado las recetas de Lord Keynes. Desde entonces, he venido pensando que el Nobel se debería otorgar a los dos economistas que plantearon el único análisis coherente de la a veces ininteligible "Teoría general del empleo, el interés y el ingreso" de Keynes.
Se trata de Robert Clower y Axel Lejonhufvud, que le dieron el sustento microeconómico a las denominadas "deficiencias en la demanda agregada", las que se producen cuando un sistema económico se aleja mucho de su equilibrio económico, como por ejemplo del resultado de un colapso bursátil.
En estos casos atípicos, los "estabilizadores automáticos" usuales son insuficientes para devolver al sistema económico al equilibrio y con pleno empleo. Y entonces, sin un fuerte estímulo fiscal (y monetario) del gobierno, la economía corre el riesgo de entrar en una espiral deflacionaria y depresiva, como ocurrió en los años 30.
La "Contrarrevolución keynesiana: una formulación teórica" de Clower y el "Sobre la economía keynesiana y la economía de Keynes" de Lejonhufvud son dos de las aportaciones a la Teoría Económica más infravaloradas. Se les podría unir Robert Skidelsky, cuya biografía de John Maynard Keynes en tres volúmenes es una de las grandes obras de la historia del pensamiento económico.
En cualquier caso, me alegra que por primera vez una mujer haya sido galardonada. ¡En una violación de la "Ley de los Grandes Números", la mujer brillaba por su ausencia en este premio! Me sorprende que antes no se lo hayan otorgado (desde la derecha) a Anna Jacobson Schwartz por su Historia Monetaria de los EE.UU. (escrita con Milton Friedman), sobre los efectos de las quiebras de bancos y la contracción monetaria en la Gran Depresión. O (desde la izquierda) a Joan Robinson, fallecida en 1983, por su contribución a la teoría del oligopolio.
En cualquier caso... ¡Enhorabuena! No quiero ser un aguafiestas de estos seguramente merecidos galardones.

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