Hace algunas semanas, en entrevista a Canal N, el periodista Mario Ghibellini preguntó al excongresista humalista y ahora defensor del Pueblo, Josué Gutiérrez, sobre su pasado de escudero de la entonces primera dama, Nadine Heredia, cuya foto en tamaño gigante tenía en una de las paredes de su despacho parlamentario. La reacción del caballero fue incomodarse y decirle a su interlocutor que ese era un asunto del pasado y que prefería hablar de otros asuntos.

Parecía que el hombre había madurado y que hasta le daba vergüenza el rol que había cumplido cuando Heredia cogobernaba el país al lado de su esposo, tal como lo afirmó en 2013 el mismo Ollanta Humala. Ahora el hombre y su institución están en entredicho, por haber tratado de abogar ante el Poder Judicial por la señora, que afronta un serio proceso judicial, como producto de la trama de corrupción sucedida con la intervención de los brasileños mafiosos de Odebrecht.

Esto no es especulación de nadie, sino que ha sido alertado por la Segunda Sala Penal de Apelaciones, que ha precisado que el 10 de agosto de 2023 recibió un escrito de la Defensoría del Pueblo en que “recomienda” a dicho colegiado evaluar el caso de la señora Heredia, que busca salir del país para recibir atención médica en Colombia, a pasar de que la Constitución y una sentencia del Tribunal Constitucional impiden claramente la injerencia de cualquier entidad en el trabajo del Poder Judicial.

En este diario y muchos otros espacios, desde antes de su elección en el Congreso, se alertó del pasado de Gutiérrez. Se dijo que había sido un incondicional de Heredia, y que la gigantografía era apenas una muestra de su triste papel jugado en tiempos de la “pareja presidencial”. Hoy el Poder Judicial lo señala por haber tratado de meter la mano en una de sus resoluciones que por ley deben ser autónomas y sin lugar a presiones ni “recomendaciones”

Gutiérrez y la Defensoría del Pueblo han salido ayer a dar la cara y decir que no han cometido irregularidad alguna, y que ha actuado tal como se hace ante pedidos de otros ciudadanos. Lamentablemente, todo este ruido es por tener al frente de dicha institución a un caballero que no ofrece garantía alguna de imparcialidad y de trabajo despojado de su pasado, algo que se advirtió desde un principio pero que la mayoría del Congreso prefirió dejar de lado.

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