En la segunda mitad del siglo XX ésta fue una de las principales corrientes partidarias en América Latina. Partidos que se reclamaban abiertamente como social o demócrata-cristianos gobernaron Venezuela, El Salvador, Costa Rica, Ecuador y Chile, mientras que en la mayor parte de la región llegaron a tener ministros.

El hecho que los demo-cristianos tengan una ideología tan pragmática les ha permitido estar asociados con muchos regímenes distintos, pero también el haber quedado desbordados y marginalizados con el surgimiento de nuevas fuerzas que sean más consistente que ella al ubicarse más a su izquierda o derecha. Salvo en Chile, todos los partidos demo-cristianos han quedado minimizados. Mientras en Uruguay y Paraguay son parte de gobiernos izquierdistas, en Colombia son parte del conservadurismo que apoya al presidente más derechista del hemisferio.

En Argentina y México los partidos gobernantes se han afiliado a la internacional social-cristiana, aunque los orígenes, trayectoria e historia de ambos no solamente son contrapuestos entre sí mismos, sino que tienen una raíz diferente a la demo-cristiana.

En las elecciones chilenas de hoy si Frei gana América Latina después de muchos años volvería a tener un presidente que sea miembro de un partido abiertamente demo-cristiano. Si él es derrotado, ello implicaría tal vez la última posibilidad para una fuerza claramente social-cristiana de conducir a una nación hispana en el quinquenio que se inicia.