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La semana que se fue debe haber sido una de las más inolvidables para la izquierda peruana, pues en pocas horas, gracias al accionar de sus congresistas y la agrupación política que los resucitó al menos por ahora, quedó descolocada y de espaldas a la realidad y al sentir de la gente. En los últimos días, dos sucesos nos han hecho ver que estas personas siguen en su nube y sin la capacidad de ofrecer una variante al menos moderna dentro de su trasnochada y fracasada postura.

Primero fue la moción de solidaridad con el pueblo de Venezuela ante la dictadura y el abuso del régimen de Nicolás Maduro. El propio presidente Pedro Pablo Kuczynski no tuvo reparo alguno en recibir al opositor al chavismo Henrique Capriles, mientras que en el Congreso todas las bancadas respaldaron el gesto simbólico, menos la gente del Frente Amplio, con lo que la izquierda peruana quedó fuera de la foto de respaldo a la democracia y las libertades en un hermano país sometido.

Por más que Marco Arana, Indira Huilca y Marisa Glave trataron de explicar lo inexplicable de su postura, quedó claro que mientras la opresión venga de la izquierda, como en Venezuela, Cuba o Nicaragua, ellos jamás reclamarán. Pero la cosa no quedó ahí. El sábado fue la marcha “Ni Una Menos”, en rechazo a la violencia contra la mujer. Se trataba de una acción sin tinte político, y así se dejó muy en claro en toda la semana; sin embargo, ahí estaban los del Frente Amplio con sus banderas.

Lo primero que se pidió que no hagan los políticos, lo hicieron los izquierdistas con Verónika Mendoza a la cabeza: darle tinte político a una movilización que era de los ciudadanos y no de ningún partido. Indignante ver a esta gente con sus banderitas con el logo de su partido. Por ahí se notó, entre otros, al congresista Manuel Dammert, famoso porque desde hace cinco años nos ofrece el balón de gas a 12 soles, algo que por supuesto hasta ahora no consigue ni en sueños.

La gente de izquierda ha tenido bastante suerte al obtener 20 representantes en el Congreso. Sin embargo, en apenas 15 días han dado dos inmensas muestras de estar en otra al seguir anclados en sus viejas posturas pese a los abusos del chavismo y al pretender llevar agua para su molino en una marcha que era de todos los ciudadanos, por más que sus voceros insistan en decirnos que no, que ellos están bien, como siempre, y que el resto del mundo se equivoca.