"Mucha gente se preocupa por sus derechos y se olvida que también tienen responsabilidades y deberes..."
No es posible que los peruanos no tengamos la suficiente capacidad para comprar patrulleros, ambulancia y hasta pertrechos para la Policía Nacional, o efectuar compras transparentes para el programa SIS del Ministerio de Salud, esto es la muestra de los grandes ejemplos que el país tiene a su disposición e incluso sus responsables, pretenden pasar desapercibidos, como si no hubieran hecho ningún daño al país, demostrando que los peruanos no estamos preparados para asumir retos de honestidad y transparencia.
Hace pocos días se inauguró en la olvidada Apurímac en uno de los lugares más tradicionales y típicos del Perú, famosos por su anís, el Hospital "Diospi Suyana", valorizado en 5 millones de dólares para la atención de más de cien mil campesinos.
Curahuasi es uno de los tantos pueblos de nuestra serranía, olvidados por todos los gobiernos de turno, con una población de 27 mil habitantes, ubicado al pie del cañón de Apurímac, en donde fácil era morir por falta de atención médica, pero gracias a Dios llegaron dos simples profesionales médicos alemanes y observaron la pobreza, el abandono de familias enteras sumidas en el alcoholismo, en enfermedades que fácilmente podías ser superadas, Klaus y Martina, médicos se dedicaron a trabajar; atender gangrenas, neumonías, desnutrición, picaduras de araña, tenían la fe, de que un hospital ajustado a las necesidades de la zona, era un milagro.
El mayor milagro fue una aventura por el mundo de ambos médicos, ofreciendo más de medio millar de presentaciones durante cuatro años para recaudar más de tres millones de dólares en efectivo y dos millones de dólares en donaciones, para lograr la construcción del Hospital: "Dios es nuestra esperanza" o "Diospi Suyana", que hoy se ha convertido en un centro hospitalario con los mejores equipos de la más alta tecnología médica, 60 camas y equipos de cirugía laparoscópica, tomógrafos axial computarizados, cámaras de videos y donde se podrá realizar operaciones quirúrgicas de todo tipo y de la más alta resolución.
Es mejor en estos tiempos acordarnos y grabar en nuestra memoria los nombres de Klaus y Martina, quienes dejando de lado sus comodidades y su trabajo en el Hospital de Mainz en Europa, junto a su tranquilidad de su familia, para internarse en una tarea titánica de dar seguridad médica a los miles de pobladores de todo Apurímac y del Cusco, en donde la salud no es negocio, es solidaridad, buscando que estos campesinos se olviden de una vez por todas; al veterinario que los atendía, al igual que sus animales, despedirse también de las negligencias médicas o de los sufridos viajes a Abancay o al Cusco para su atención médica, siempre que tenga la capacidad económica.
En nuestro país podría fácilmente construirse y funcionar hospitales similares en todas las regiones andinas y en general en todo a lo largo y ancho del Perú, pero una clase social privilegiada de funcionarios, lo impiden porque esta primero las coimas, la corrupción antes que la salud de los 12 millones de peruanos pobres, que siguen esperando los cambios en salud y educación prometidos hace mas de un año por este gobierno y hasta ahora son solo promesas.
Sabemos que hay cientos de Klaus y Martinas en el Perú, que solo esperan la oportunidad para hacer milagros y ofrecer centros hospitalarios como el de Curahuasi.

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