Con los indignantes antecedentes de las reuniones clandestinas en la casa del pasaje Sarratea entre el golpista Pedro Castillo y gente dudosa, entre ellos ciertos proveedores del Estado; y el escándalo del “caso cofre” generado por la vacada Dina Boluarte por un sospechoso “paseo” a una playa del sur de Lima, resulta imperdonable que el actual mandatario, José Jerí, haya salido de Palacio de Gobierno, con capucha incluida, para reunirse en secreto con un empresario chino en un chifa de San Borja.
Es evidente que hay derecho del ciudadano a desconfiar. Qué hace un gobernante en ejercicio saliendo a una reunión secreta con un personaje que además ha estado o está vinculado a Nicanor Boluarte. Si no hay nada que esconder ¿por qué no recibirlo en Palacio de Gobierno?, ¿cuál era el temor de que su nombre quede registrado?, ¿por qué sacarle la vuelta a la transparencia que debe ser una norma de conducta en toda autoridad pública? Es un disparo a los pies.
El presidente se ha regalado para felicidad de la izquierda y sectores afines que ya hasta hablan de vacancia en medio de su avidez por captar votos. Incluso Héctor Valer, vocero de la bancada de Somos Perú (la del propio José Jerí), un personaje que no duró ni tres días como premier de Castillo por sus antecedentes de agresor de mujeres, ha salido a cuestionar al mandatario. Todos llevan agua para su molino aprovechando una situación más que sospechosa, que ojalá en su momento pueda ser aclarada.
Jerí se ha metido en un problema y de paso ha hecho lo mismo con la estabilidad que necesita el país en momentos previos a las elecciones, y cuando situaciones críticas como la de la inseguridad en las calles, siguen siendo tan espantosas como en la administración de la señora Boluarte. Todos los días matan choferes de transporte público extorsionados, balean buses con pasajeros, siguen usando explosivos para delinquir en Trujillo y los robos de celulares y atracos no se detienen.
La cosa no es tan simple como decir que “me reuní con un amigo a comer chifa en un día feriado, para ver todo lo relacionado a un evento que se llevará a cabo en febrero”. Un jefe de Estado no puede estar en esas cosas, y menos cuando ya hemos tenido penosos antecedentes. El Congreso tiene todo el derecho a investigar esta situación que no huele bien, pues hablamos de un presidente en funciones reuniéndose a escondidas con un caballero vinculado al hermanísimo de Boluarte y ha sido proveedor del Estado. Todo mal.




