El titular del Consejo de Ministros, Ernesto Álvarez, ha salido en defensa del presidente José Jerí, tras conocerse a través de Cuarto Poder de la segunda reunión fuera de agenda oficial con el empresario chino Zhihua Yang en un local de su propiedad, el cual había sido clausurado horas antes por la Municipalidad de Lima. El jefe de gabinete ha indicado a El Comercio que el mandatario ha caído en una trampa producto de su juventud, de los elogios y de los cambios bruscos que se han producido en su vida en los últimos meses.

Yo acá veo dos cosas peligrosas. La primera es que a Palacio de Gobierno no se llega a aprender, y menos cuando el país atraviesa una severa crisis en materia de inseguridad ciudadana, de corrupción y de muchas carencias que golpean en los peruanos. El premier Álvarez ha puesto en relieve que el mandatario tiene apenas 38 años, como una forma de excusarlo por andar encapuchado y con lentes de sol en reuniones secretas con gente de por sí dudosa que hace negocios con el Estado.

Lo segundo, y es lo más grave, es que con ese tipo de conductas sospechosas, el presidente Jerí está causando una gran desilusión en la gente que creyó en él en un principio al verlo como un mandatario, aunque sea interino, sin las taras de los políticos caducos –pese a venir de Somos Perú–, con buenas intenciones y con muchas ganas de hacer las cosas tras el desastre de las administraciones lideradas por Pedro Castillo y Dina Boluarte, que ya sabemos cómo terminaron.

¿Esto qué puede ocasionar? Que haya más rechazo a la clase política y que en las elecciones que están a la vuelta de la esquina, la gente, cansada de que todos sean “más de lo mismo”, opte por algún pirómano antisistema que en medio de su demagogia e irresponsabilidad, ofrezca incendiarlo todo para “comenzar desde cero, desde las cenizas”, para lo cual, obviamente, dirá que hace falta una nueva Constitución. Esa historia ya la conocemos. Veamos a la Venezuela chavista y a la Bolivia de Evo Morales.

Las cuestionadas actitudes del presidente Jerí con relación a lo que se ha llamado el “Chifagate”, le pueden costar muy caro al país. Su juventud no es excusa, y menos su supuesta “candidez” como para dejarse engañar por un empresario sabido, que es lo que ha dado a entender el premier Álvarez. Parece que esto recién empieza, y queda por saber qué más hay detrás de las cuatro o cinco versiones que se han dado desde el Poder Ejecutivo sobre los encuentros con Yang. El gran perdedor, puede ser el Perú.