La realidad que nos rodea es una construcción cerebral. Estudios científicos recientes han revelado que la información que llega al cerebro desde los ojos es sesgada, ya que nuestro cerebro la interpreta, haciendo suposiciones, acerca de los objetos que los ojos ven. Por lo tanto, lo que creemos ver no siempre es en realidad lo que existe fuera de nosotros, sino la consecuencia de la interacción entre el objeto, la percepción de la retina y la interpretación cerebral.
Un equipo de neurocientíficos de las universidades de Washington y Minnesota, ha descubierto que la corteza cerebral del ser humano recibe la información visual que llega desde los ojos, procesa el tamaño percibido de los objetos, en lugar del tamaño real de los objetos. Esto supone que los ojos sólo son responsables de la percepción visual. El cerebro hace suposiciones o infiere, de la información que recibe de los ojos, acerca de todo aquello que nos rodea o percibe incluyendo en muchos casos, nuestros propios sentimientos y emociones. Bien decía Renoir que los pintores, en efecto, no pintan con las manos sino con el cerebro.
Por ejemplo, el enamorado percibe al objeto amado de un modo distinto al que no tiene este tipo de vivencias. Así hasta la percepción de los triunfadores y exitosos es distinta que la de los fracasados. Los fracasados tienen una lesión en la autoestima, están predispuestos para perder y ver el mundo desde la orilla de su indigencia. Esto explica de algún modo porque los exitosos se asocian a otros exitosos y porque los fracasados y los que tienen carcomido su amor propio se juntan aunque sea para despedazar al que tiene logros efectivos en la vida.
Según explica el doctor Sccot Murray de la Universidad de Washington, las interpretaciones que hace el cerebro acerca de los objetos que los ojos ven, se aproximan a la "realidad objetiva", pero a veces pueden producir ilusiones visuales es lo que sostiene la revista Nature Neuroscience. Esto no significa de ningún modo que quien tiene un fracaso en la vida sufre una derrota ontológica. No es así. Pues hay quienes extraen de sus derrotas lecciones radicales que les permiten cambiar el rumbo de sus vidas. Empiezan a contemplarse a sí mismos y a los demás de otro modo.
Los profesores Murray y sus colegas, Huseyin Boyaci y Daniel Kersten, han analizado imágenes de resonancia magnética para ver cómo el cerebro procesa el tamaño de los objetos frente a una ilusión óptica, similar a la que produce la luna cuando está saliendo al atardecer. En ese momento nos parece enorme mientras se mantiene cerca del horizonte, pero se hace más pequeña una vez que está situada en el cielo. La realidad es que es siempre del mismo tamaño. Los resultados son asombrosos demostrando que la percepción que tengamos de un objeto depende del grado de actividad que se produzca en la corteza cerebral primaria, a partir de la información recibida por los ojos.
Estas experiencias según el profesor español Javier Monserrat, autor de "La Percepción Visual", confirman que la imagen final percibida por el sujeto es resultado de un proceso constructivo que corresponde con los puntos de vista teóricos del constructivismo en la ciencia de la visión. En el futuro habrá que explorar cómo influye en las personas el orden con el que viven y la sensación de bienestar que provoca un ambiente limpio y saludable y como el mismo es apropiado por los habitantes de una ciudad. ¡Todo entra por los ojos!. Se puede ser pobres, pero lo que no se puede dejar de ser es ser limpios y ordenados.
Decía Sergio Boisier que son factores del desarrollo la capacidad de abrir y penetrar mercados y captar recursos a nivel nacional e internacional para la inversión; una capacidad de organización social que garantice una vigorosa respuesta de la sociedad civil pero también de los responsables de la decisión política que resulten elegidos. El otro factor es la capacidad de construir una imagen territorial susceptible de ser proyectada a nivel regional, nacional e internacional. En este extremo enfrentamos una fractura que toca las fibras de nuestra identidad. No sólo hemos sido incapaces de construir una imagen propia como lo demuestran las gestiones municipales que fenecen sino que hemos agotado los esfuerzos por dejar de ser nosotros mismos. Basta una mirada por nuestras ciudades para descubrir esa adicción al cemento y a los elefantes blancos, a los árboles que no dan fruto por ese equivocado sentido de lo que es realmente el desarrollo humano. El colmo es que la bestialidad edil tenga el coraje de colocar en armatostes de estupidez frases como esta: " "Sonríe estás en Tambogrande"