"El complejo napoleónico, complejo de Napoleón, síndrome de Napoleón o síndrome del hombre bajito, son los términos coloquiales con los que se describe un presunto tipo de complejo de inferioridad que se dice afecta a ciertas personas, en particular hombres, que tienen baja estatura. El término se utiliza más ampliamente para describir a personas que actúan a raíz de una desventaja percibida para sobrecompensar otros aspectos de su vida. No aparece en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM)".
Este texto, extraído de Wikipedia, lo encontré hace unos meses tratando de buscar una explicación tras las declaraciones del alcalde Acuña cuando se comparó con Silvio Berlusconi y Salvador Piñera por el hecho de ser un político y tener un equipo de fútbol.
Por aquel entonces, nuestra autoridad edil incluso se atrevió a hacer un cálculo fantástico en el que anunciaba que, tal como ocurre con estas personalidades, si el equipo de la Vallejo lograba triunfar en el Descentralizado, él sería electo presidente del Perú.
Ya aquella vez, se me ocurría que algo no andaba bien con Acuña, pero cuando llegó a mis manos la tarjeta de saludo navideño de la municipalidad, donde se veía una imagen del burgomaestre rodeada de una refulgencia dorada (propia de los santos en varias estampas religiosas), la teoría tomó aún más fuerza.
Más allá de lo hilarante que pueda resultar esta impresión, que fue obsequiada en diversas calles de la ciudad, me parece absolutamente reprobable que se utilicen los fondos de la comuna para este tipo de manifestaciones magnificadas de una persona en particular, que supongo no ha recibido una carta de canonización del Vaticano.
Sería recomendable que el alcalde Acuña reevalúe su cuadro de confianza y reemplace a algunos de sus asesores de prensa por algún profesional que lo ayude a calibrar y clarificar su ego y su ímpetu, sobre todo cuando hablamos de la persona que lleva en sus manos el futuro de nuestra ciudad por los próximo cuatro años.
Por supuesto sería un requisito indispensable que esta persona no duerma en horarios de oficina y mucho menos en las instalaciones del palacio municipal por las que pagamos todos los contribuyentes.
Aprovecho estas últimas líneas para desearle a los lectores una feliz Navidad y extenderles mi sincera intención por que la humildad (una de las principales virtudes de estas fiestas) los acompañe en vuestros hogares y no los abandone como parece haber ocurrido con nuestra autoridad edil.

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