La distribución del canon minero merece un análisis sesudo para evitar que continúe la fuga de dinero por parte de autoridades irresponsables. Así lo sugiere Pablo de la Flor en su columna Canon: mucha plata, pocas nueces, en El Comercio, quien pone el dedo en la llaga cuando cuestiona la manera en que se ha despilfarrado el recurso en obras que no generan un impacto social en los ciudadanos.
Hay un apetito voraz por el canon y las regalías mineras, a tal punto que en las regiones donde más reciben recursos por este rubro hubo más candidatos ediles (50 %). En este año, los gobiernos subnacionales recibieron más de S/ 13.000 millones y el próximo año tendrán unos S/ 20.000 millones. Entonces, por qué la brecha del sistema de agua y saneamiento no ha disminuido en localidades como San Marcos en Áncash o Huamachuco en La Libertad.
Entre el 2017 y el 2025, de cada 100 soles invertidos en las regiones, 21 soles fueron para servicios básicos como agua, saneamiento, educación, salud y electricidad, mientras que unos 26 van para losas deportivas, estadios y coliseos. Y lo peor de todo es que no siempre la inversión pública es culminada, sino que queda abandonada en obras inconclusas que no son continuadas por nuevas gestiones municipales.
La propuesta es condicionar a los gobiernos municipales a priorizar las obras de servicios básicos que sirvan para mejorar la vida a los ciudadanos. Según cifras del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento, 9 millones de peruanos no tienen agua potable y 15 millones no cuentan con alcantarillado. Y no es por falta de dinero, sino por no saber distribuirlo de la manera adecuada. ¿No es el momento de cambiar?




