Ochenta años después, el fantasma del Crack de 1929 vuelve a acechar y las causas son parecidas. En aquella época se abusó de la sobreproducción incontrolada y, ante el desastre, creció la fama de Keynes, quien rompió el mito de la infalibilidad del mercado, estableciendo la intervención estatal para corregir sus distorsiones.
A comienzos del presente siglo, pensando en una bonanza sólida y permanente, se repartió créditos hipotecarios indiscriminadamente, sin considerar la capacidad de pago a largo plazo. Consecuencia: una burbuja financiera que hoy ha vuelto a estallar.
¿Cómo explicar la insistencia en un modelo inviable? Ensayaremos algunas respuestas. La primera es apostar a un supuesto círculo virtuoso del neoliberalismo por el cual, a mayor producción, mayor empleo, mayor capacidad de gasto y mayor consumo. Otra respuesta, que no se contrapone a la anterior, se relaciona con el voraz apetito de los grandes consorcios hipotecarios. Su único interés fue llenarse los bolsillos con prisa excesiva, sin considerar la factibilidad de retorno del excesivo endeudamiento. Resultado: Ante la amenaza de quiebra, Bush ha pedido la astronómica suma de setecientos mil millones de dólares (varias decenas la deuda externa peruana) para "salvar" a estos monstruos financieros que capitalizan las ganancias, pero socializan las pérdidas. Sin embargo, no se ataca la raíz del problema: el propio modelo.
Esta millonaria intervención estatal constituye el tiro de gracia al neoliberalismo, un modelo que ha llevado a que el 50% de la población sólo sea dueña del 1% de la riqueza mundial. Sus fundamentalistas defensores en nuestro país se han quedado sin piso por aquello de contra factum non argumentum (ante los hechos no valen los argumentos).
Lo anterior supone abandonar la tesis de que el mero crecimiento económico solucionará los problemas. Es hora de apostar por una mejora del índice de desarrollo humano (IDH) de Amartya Sen (Nóbel de economía), resumido en tres indicadores: mayor producto per cápita, mayor esperanza de vida (mejor alimentación y atención médica) y mejor nivel educativo. ¿Acaso existe otro camino?