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EL HOMBRE Y NOSOTROS, columna de Juan Carlos Gambirazio

Periodista y editor.

Juan Carlos Gambirazio

Actualizado el 27/06/2026, 08:20 a.m.

Hay equipos que depositan buena parte de su destino en un futbolista extraordinario. Y hay otros que trabajan para que ningún nombre sea más importante que el escudo. Portugal y Colombia llegan invictos, pero también llegan representando dos maneras opuestas de entender el fútbol. Una parece confiar en el peso de una leyenda. La otra, en la fuerza del colectivo.Portugal recuperó entusiasmo con la goleada ante Uzbekistán. Cristiano Ronaldo volvió a ser decisivo, ocupó de nuevo las portadas y volvió a instalar esa vieja sensación de que, aun desafiando al tiempo, siempre puede aparecer cuando el escenario lo reclama. Sin embargo, el rival dejó abiertas algunas dudas. Una goleada no siempre despeja interrogantes; a veces simplemente los posterga.Colombia, en cambio, ha recorrido un camino menos estridente y quizá más convincente. No ha necesitado actuaciones individuales deslumbrantes para transmitir autoridad. Su fortaleza ha estado en otra parte: un funcionamiento reconocible, una estructura que rara vez se rompe y la certeza de que cualquier futbolista puede asumir el protagonismo si el partido lo exige. No juega para que alguien brille; juega para que el equipo nunca deje de hacerlo.Lo interesante es que Portugal tampoco carece de argumentos colectivos. Muy por el contrario. Bruno Fernandes, Bernardo Silva, Vitinha, Rafael Leão o Nuno Mendes conforman uno de los planteles más completos del Mundial. Pero el relato siempre termina regresando a Cristiano. Como si una selección llena de talento todavía sintiera la necesidad de explicar su grandeza a través de un solo hombre.Colombia parece haber elegido el camino inverso. Sus individualidades crecen porque el sistema las potencia y no porque el equipo se subordine a ellas. Allí radica buena parte de su identidad y, probablemente, de su confianza.Ninguno de los dos modelos garantiza el éxito. La historia del fútbol ha coronado equipos sostenidos por un genio y también equipos donde el verdadero genio fue el funcionamiento colectivo. Pero los Mundiales tienen la costumbre de poner esas teorías a prueba. Portugal defenderá la vigencia del héroe. Colombia, la fortaleza del nosotros. Y pocas veces un partido de fase de grupos habrá servido tan bien para discutir una pregunta que atraviesa toda la historia de este deporte: cuando la exigencia alcanza su punto máximo, ¿pesa más un nombre o una idea?

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Periodista y editor.

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