Opinión

El infierno de Jackson

Un documental de HBO nos presenta la terrible cara de un ídolo que no quisimos ver

24 de Marzo del 2019 - 08:44 Johnny Padilla

Hacerse el loco, mirar para otro lado, afirmar que todo es mentira, cerrar los ojos, negar mil veces. Esas son las reacciones que se generan cuando a uno le restriegan en la cara una dura realidad que ha preferido no ver a pesar de las evidencias. Eso es lo que sucede después de ver el documental Leaving Neverland producido por HBO, en el que -en dos partes de dos horas de duración cada una- los hoy adultos Wade Robson y James Safechuck cuentan los abusos sexuales que afirman que sufrieron cuando eran niños por Michael Jackson en su rancho de ensueño en las afueras de Los Ángeles. El ídolo por los suelos, desnudado, puesto en evidencia y, en una suerte de defensa, lo primero que quieres decir es: “Esto es una patraña para manchar su honra” o “Están buscando lucrar con su historia”, “Lo malinterpretan, siempre fue un niño grande que no quería crecer”. Pero todo es inútil, ya que después de escuchar los duros y terribles testimonios de Safechuck y Robson la imagen del cantante no será la misma. Perdonen, el abuso a menores es lo más despreciable que existe en este mundo, así seas el Rey del Pop. Leaving Neverland no es un simple relato de sucesos que acontecieron en la vida de dos niños sin mayor respaldo que sus palabras, son revelaciones brutales, explícitas, con pruebas de la relación que tuvieron desde niños con el ídolo de ambos. Dos pequeños deslumbrados por un hombre mayor, con la complacencia de sus padres, quienes hoy se lamentan de haber permitido que esto sucediera en sus propias narices cuando aceptaban que los niños durmieran con él. En el documental, las madres de Robson y Safechuck también admiten que sus familias terminaron destruidas por la relación con el artista y, tras las revelaciones de sus hijos, solo les quedó apoyar sus testimonios. La difusión de Leaving Neverland nos recuerda a Jackson acusado formalmente de abuso de menores en 1993 y de un juicio muy mediático que tuvo que afrontar, además del pago de millones de dólares que efectuó para reafirmar un acuerdo con una supuesta víctima que desistió así de una demanda. Lejos de sus geniales discos y sus pasos de baile para la posteridad, hoy vemos en su cruda realidad a un Jackson que solo se sentía cómodo rodeado de niños, cada vez más blanco, delgado, frágil. De un artista que en sus últimos años solo podía dormir si se le inyectaba propofol (anestésico). Un documental nos presenta una cara que no quisimos ver y que de verdad espanta.

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