El segundo libro de Haya de la Torre, el tan poco leído por las manadas ignorantes de los apristas de hoy, se llama "El Antiimperialismo y el Apra". Pero Haya no quiso promover su lectura, quizá porque allí se definía al APRA como un movimiento "dentro del marxismo"; y mayores pruebas al canto las encontramos cuando Haya dice: "El Estado Antiimperialista limitará el ejercicio de uso y abuso individual, coartará la libertad económica de las clases explotadoras y medias y asumirá, como en el Capitalismo de Estado, el contralor de la producción y el comercio progresivamente"; esto es la exégesis del libro de Lenin "El Capitalismo de Estado y el impuesto en especies"; y llegando a su clímax totalitario en los 5 puntos máximos del Apra (que un amorfo candidato aprista a la Alcaldía de Puno no sabía que existían). Y era un declarado anti-yanqui. Pero todo esto se escribió en 1928, antes de la II Guerra Mundial. Pasada ésta, y con el advenimiento del social-imperialismo, pues él cambió completamente, y en su obra "30 años de aprismo", Haya prefiere sin dilación alguna la democracia capitalista. Pero como todo está sujeto a las leyes de la dialéctica, pues resulta que su discípulo Alan García ha vuelto a la génesis de la gran revolución liberal francesa de 1789, bajo el lema de "Libertad para invertir, igualdad en la elección y fraternidad en las relaciones sociales", y estas son las que ahora siguen en pie; y con las que China "comunista" ha logrado un crecimiento económico notable, haciéndose socio de su antiguo enemigo. De manera que la "nacionalización progresiva de las tierras e industrias" de los 5 puntos máximos del Apra, pues ha quedado sepultado por el público, reconocimiento de Alan sobre la importancia de la inversión privada, la globalización y la economía de mercado. Hoy más que nunca el Apra sólo tiene una opción: convertirse en el primer partido liberal del Perú, abjurando de sus orígenes. De lo contrario, su trasero marxista-leninista lo mantendrá como hasta ahora, un monstruo bicéfalo, liberal y exitoso en su praxis de gobierno, pero extraviadamente marxista en su ideología. Además, Haya predijo que "el Apra no cierra el camino a ninguna posibilidad realista del presente o del futuro". Bienvenido el remozado liberalismo.

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