Nadie en su sano juicio podría dejar de saludar la captura y extradición al Perú de un delincuente de tan alta peligrosidad como Erick Moreno Hernández (a) “El Monstruo”, quien ojalá nunca más vea la luz de la libertad. Sin embargo, lo que sí es cuestionable es que el actual gobierno de José Jerí, metido en un grave problema como el “chifagate”, use el envío de vuelta al país de este indeseable para armar un show que más bien parece una tomadura de pelo a los ciudadanos que son víctimas de la criminalidad.

Semejante despliegue policial para cuidar al detenido que venía de Paraguay, y el ver al jefe de Estado monitoreando su traslado desde una “sala situacional”, es una escena que hacía recordar al presidente estadounidense Donald Trump supervisando el arresto de Nicolás Maduro, o a Barack Obama siguiendo paso a paso la eliminación de Osama Bin Laden, no hacen más que demostrar que nos han querido poner por delante una cortina de humo con un tema más que sensible.

Sensible porque la expansión de la extorsión y el sicariato cuestan vidas de peruanos todos los días. También afectan gravemente la economía de esforzados ciudadanos que para no morir o evitar que le pongan en su casa un explosivo, tienen que pagar cupos a bandas criminales que en muchos casos operan desde las cárceles Allí están especialmente los bodegueros, los emprendedores y los transportistas. Si con la extradición de “El Monstruo” esta situación fuera a cambiar, bien. Pero sabemos que no es así.

Moreno Hernández fue arrestado en setiembre del año pasado, semanas antes de la vacancia de la expresidenta Dina Boluarte. Desde hace cuatro meses este criminal está tras las rejas e incomunicado en Paraguay. Aún así, la extorsión y los crímenes por encargo no se han detenido. Entonces, bien que haya caído y que esté preso en la Base Naval del Callao, pero que nos vendan esto como el fin de la criminalidad, pues sigue vivita y coleando para drama de todos los peruanos.

La violencia no empezó ni acabará con esta detención y extradición, así que es justo y necesario poner las cosas en su real dimensión. Los shows son una burla a la gente y pueden llevar al ridículo. Que recuerden en el gobierno que a los pocos días que vimos al presidente Jerí pateando la puerta de una celda del penal Ancón I, un interno por un caso de secuestro, delito que junto a los asaltos a los bancos suelen cometer los hampones más ranqueados, se escapó de un hospital al que había sido llevado. ¿Quién responde?