Me fascina la tan complicada política en el Medio Oriente, esa encrucijada entre tres continentes donde los odios, los tiempos y los cálculos han sido tan retorcidos y han tenido tanto impacto en Occidente. Viví un semestre en Egipto con el ILD, cuando el "Rais" Mubarak era todopoderoso. Nadie le chistaba nada a este general de la Fuerza Aérea (esta rama de las FF.AA. es especialmente importante en el mundo árabe), casado con la aristocrática Susan (hija de una de las mejores familias de Alejandría) y padre del aparente heredero Gamal, muy pituco en sus modales para el pueblo. A lo más se atrevían, en mucha confianza, a llamarle "la vaca que ríe", por parecerse mucho físicamente al logo de esa marca francesa de mantequilla en las fotos de su persona que pululaban por El Cairo, donde siempre aparecía con unos 30 años menos.

Quisimos modernizar Egipto. Imposible. Toda propuesta de reforma siempre topaba con algún interés de las Fuerzas Armadas, todopoderosas y metidas en cada rincón económico del país desde Nasser. Cierto que Mubarak algo liberalizó la economía, pero había demasiado que hacer. En mis pesquisas me encontré con detalles como que la aduana egipcia tenía el doble de personal que la yanqui o que todo egipcio que lograse un empleo público podía renunciar a este, irse al sector privado y regresar a su puesto estatal cuando quisiese. Tampoco se hacía nada por detener la suicida costumbre de construir sobre las pocas tierras fértiles a orillas del Nilo (hasta ahora añoro esas calurosas, voluntarias y largas caminatas vespertinas desde el World Trade Center hasta el hotel por "el corniche", el malecón al borde de ese río tan impresionante. O ponerme a leer allí en una banca "El cuarteto de Alejandría" de Durrell e imaginarme a la adúltera Justine) o para detener la explosión demográfica en un país que ya se está acercando a los 100 millones de habitantes y en donde el 57% aún es analfabeto. El egipcio medio es muy vivaz y, como todo árabe, extremadamente hospitalario. Recuerdo cuando pregunté sobre cuándo sabríamos que estaría por estallar la segunda guerra del Golfo y Yasser me respondió: "Cuándo veas que la prostitutas rusas ya no estén trabajando en tu hotel. Ellas se acuestan con los militares y son la gente mejor informada".

Noté una mayor penetración del Islam en la juventud, lo que el viejo chofer copto lamentaba, pues nos refería que Egipto fue muy laico hasta los 80 y que bastaba mirar las películas de los años 50 en la TV nocturna para ver a mujeres en "looks" a lo Lolobrigida. Recuerdo que una vez mi asistenta Alia me dejó petrificado al contarme que ella se dejaba el cabello suelto porque su abuela, que había vivido las muy abiertas épocas de los ingleses y del rey Farouk, la obligaba. ¡La abuela era la liberal de la casa! Muy orgullosos de su historia, me corregían diciéndome que ellos "no eran árabes sino egipcios" y que "árabes eran esos beduinos nuevos ricos del Golfo". También tildaban de "judíos disfrazados" a los libaneses y de "negros" a sus vecinos del Magreb (Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania).
La verdad, nunca intuí posible una revolución como esta. Si bien la pobreza campeaba y la clandestina Hermandad Musulmana era perceptiblemente popular, los despiadados militares eran todopoderosos. El error del octogenario Mubarak fue no haber organizado su relevo e irse a su amado balneario de Sharm-Al-Sheik.

De lo que sí no tengo ninguna duda es que al "Rais" Mubarak lo han matado o lo van a matar. Tal como los romanos asfixiaban con una almohada al emperador muy anciano o los celtas mandaban a que sus mujeres desnudas y pintadas de azul embriaguen, exciten y apuñalen al jefe senil, los militares egipcios le darán una piadosa muerte a Mubarak. Para que el viejo camarada no sea humillado con la prisión. Y para que no obstaculice la transición. ¿No se acuerdan de El Padrino, cuando los Corleone le ofrecen cuidar espléndidamente a su familia si el testigo Pentangelli accedía a suicidarse? Así fue y siempre será el mundo del Mediterráneo Oriental. Bello. Complejo. Ruidoso. Lento. Vertiginoso. Implacable. Durrell. Justine.