Opinión

El poder le ganó a Evo Morales

Columna: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

30 de Noviembre del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Evo Morales, quien gobierna Bolivia ininterrumpidamente desde 2006, ahora podrá hacerlo hasta el 2025. El poder lo ha obnubilado y por eso su resistencia a dejarlo. El gobernante altiplánico confirma hallarse en la lista de los que en la región decidieron mantenerse en el cargo a cualquier costo. Evo sigue el mal ejemplo de Nicolás Maduro en

Venezuela. Se burla de la voluntad ciudadana que, mediante un referéndum realizado en febrero de 2016, le dijo NO a la reelección e incluso reconoció su derrota; pero todo era falso, porque jamás tuvo ni tiene la intención de retirarse. Los gobernantes suelen aferrarse al cargo por dos cosas: para asegurar las condiciones económicas de sus vidas luego de dejar el poder y porque se creen imprescindibles ninguneando el valor de la alternancia. Recordemos que las condiciones en que llegó a la presidencia fueron precisas para afirmar su caudillismo. Le había precedido una etapa de grandes inestabilidades políticas en un país anarquizado que tuvo presidentes en serie y sumergido en una profunda crisis económica hallándose en la cola del desarrollo en América Latina. Morales fue el primer presidente indígena en la región. Tuvo mucha suerte en sus primeros años de gobierno gracias al auge del precio de los metales en el mercado internacional. Amo y señor en el país y dueño de una popularidad incuestionable, Evo le sacó el jugo a esa circunstancia e incluso hizo lo que ninguno de sus antecesores en 100 años de la relación bilateral con Chile, demandándolo ante la Corte Internacional de Justicia (2013) para que la Corte obligue a los chilenos a sentarse en una mesa a fin de negociar la anhelada salida mar. Evo había sido certero en el imaginario colectivo de su pueblo, que quedó encandilado con la demanda. Sin embargo, ahora todo podría ser distinto; además, el poder también desgasta. La gente protestará, porque Morales ha cambiado las reglas a su antojo. Por esta febril decisión del Tribunal Constitucional, manipulado por el presidente, Bolivia entrará en una etapa muy compleja, donde Evo podría terminar muy mal.

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