En muchos casos, el poder pervierte. Es una repulsiva realidad que subyace y actúa sin compasión, cubierto en ropajes de falsas dignidades de señorones y señoronas, que incluso en el colmo del cinismo, exigen respetos y dignidades, cuando en verdad lo que merecen, es un cubículo de 3 x 2.

Cuando decimos que el poder pervierte, en este caso, es con la intención de establecer el vínculo de estos personajes, cuando actúan perversamente, abusando de adolescentes y niñas marginadas, las cuales con engaños, son víctimas de la asquerosa trata de personas, que bien conocen.

No es una novedad en Piura, la existencia de este vil negocio, tampoco se desconoce, quienes viven y quienes se aprovechan de ello. Y no solo en Piura existe, en todos lados se da, principalmente en aquellos lugares en donde se presentan signos de crecimiento y la existencia de dineros no santos y Piura reúne estas características.

¿Como se sentirían estos pervertidos y abusivos personajes, si se tratara de alguna de sus hijas? El poder, muchas veces pervierte y protege a las fuentes que lo alimentan. En el caso piurano de trata de personas, la presencia del fiscal superior Avelino Guillen, da esperanzas de una buena investigación.

Por otro lado, casos como los del padre Martín, que bajo el amparo del régimen toledista y el apañamiento de poderosos y oscuros personajes, exhibe toda una lista de hechos cuestionables y con los suficientes indicios razonables, que no entendemos como todavía no recibe lo que se merece.

De lo que se sospecha hace y se le acusa, no es para reírse.

El programa de Carlos Álvarez, tiene este riesgo, el de convertir a personajes cuestionados (por decir lo menos) moralmente, en payasos para la risa, diluyendo en la psiquis su repugnante realidad. En la sociedad, existe un gran porcentaje de instituciones, que atienden a niños, adolescentes y adultos, en situación de discapacidad, indigencia o abandono, que bajo el manto subliminal de sus actos y fachada, practican soterradamente otros actos que son diametralmente opuestos a su supuesta dignidad.

Lo indignante es que una obligación del Estado es vergonzosamente evadida, permitiendo o haciéndose de la vista gorda ante tanta razonable denuncia. Claro, lo contrario significaría hacerse cargo del lado triste o feo de una sociedad maniquea.

No importa que haya "algunas cositas feas" si le hacen el trabajo o atienden al lado triste y feo. Debemos prestar atención a estas instituciones, que hacen de su carácter subliminal (no todas por supuesto, hay muy respetables), su mejor disfraz.