Felipe Santiago Salaverry, que fue presidente del Perú en 1835-1836, había sido antes, desde el 29 agosto de 1831 hasta el 10 de mayo de 1832, subprefecto de Tacna. En el tiempo de su gestión conoció y desposó a doña Juana Pérez de Palza Infantas. Aunque no había nacido en Tacna, había vivido aquí desde su tierna infancia y su madre era tacneña de vieja estirpe. Al momento de casarse, Felipe Santiago tenía un hijo fuera de matrimonio nacido en Piura, en 1830. Era Carlos Augusto Salaverry, quien años más tarde sería el más grande poeta romántico del Perú. Fue traído a Tacna de muy tierna edad por su padre. Felipe Santiago tuvo con Juana un hijo que llevó su mismo nombre. El matrimonio duró sólo cuatro años. El valeroso caudillo enfrentó a Santa Cruz, inició una cruenta y rápida campaña que terminó con su derrota en Socabaya el 7 de febrero de 1836. Fue fusilado en la plaza de armas de Arequipa el 18 del mismo mes. La joven viuda, con su menuda familia de Felipe Santiago y Carlos Augusto, partieron al destierro, de donde retornaron en 1839.
Hacia 1864 Carlos Augusto acompañó a su medio hermano Felipe Santiago en un viaje a Tacna para reclamar los intereses que le correspondían por su herencia materna. Fue un viaje que se prolongó mucho más de lo programado porque coincidió con acontecimientos políticos de Tacna donde los hermanos Salaverry tuvieron gran protagonismo.
Desde la primera mitad del siglo XIX las potencias europeas conquistaron ricos territorios indefensos con propósitos imperialistas o, como en el caso de España, quisieron recuperar lo que fueron sus antiguas colonias. En el marco de esta política llegó al Callao, disfrazada de Expedición Científica, la armada española, al mando del general Luis Hernández Pinzón. Una trifulca en la hacienda norteña de Talambo, entre jornaleros peruanos y españoles, que terminó con la muerte de uno de estos, sirvió de pretexto para que la reina Isabel II de España enviara un funcionario para exigir explicaciones. Este era don Eusebio de Salazar y Mazarredo. Tuvo la arrogancia de venir con el título de Comisionado Regio, como si todavía el Perú fuese una colonia de ese reino. El Canciller peruano se negó a recibirlo en esos términos y la armada íbera, en represalia, el 14 de abril de 1864, tomó las islas de Chincha e izó allí el pabellón español.
De inmediato la población de Tacna protestó, como lo hicieron casi todas las ciudades del Perú, con manifestaciones y actas de repudio a España. El 3 de mayo escribía el corresponsal en esta ciudad de uno de los diarios de Lima que no era de imaginar el "grado de exaltación y patriotismo con motivo del atentado de Pinzón". Hubo, sin embargo, decisiones colectivas que fueron tomadas primera o solamente en Tacna para expresar sus convicciones. Fue admirable la actitud de los españoles residentes en Tacna, que el 19 de abril se presentaron al Prefecto protestando por la conducta observada por la escuadra española. Las colonias italianas de Tacna y Arica promovieron colectas entre sus miembros para acopiar fondos para la compra de armas.
El 10 de mayo se publicó en un diario de Lima un poema de Carlos Augusto Salaverry, escrito desde Tacna. Titulaba "A la Juventud Peruana" y comenzaba expresando "¡En pie! ¡A las armas! El pendón de España, surca del mar las indefensas olas (etc.)".
Inmediatamente se organizaron las fuerzas de la Guardia Nacional, se acuartelaron más de 200 voluntarios que debían marchar a Lima el 18 de mayo, mientras se organizaban otros dos batallones y cuatro escuadrones. El 17 de mayo estos desfilan delante del prefecto coronel Prado. El primer batallón "Cazadores" móvil iba comandado por el coronel don José Joaquín Inclán; el segundo batallón de "Granaderos" por el coronel Celestino Vargas; la columna "Defensores de la Libertad" del coronel Miguel Castañón y el regimiento "Tiradores de Tacna" por el coronel Julián Cornejo.
El dato más significativo es que en la columna "Defensores de la Libertad? figuran como tercer jefe, con grado de sargento mayor, don Felipe Santiago Salaverry y Pérez, y en la primera compañía, como jefe, el capitán Carlos Augusto Salaverry.
Los "Voluntarios de Tacna y Moquegua" eran 300. Fueron despedidos cariñosamente por la población. El párroco Sebastián Ramón Sors los despidió diciéndoles: "Tacna tiene una historia muy hermosa. Sus antecedentes son brillantes. Vosotros vais a escribir una nueva página; que no desdiga ella del brillo que refleja el fondo de aquel libro". Partieron a Arica en un tren extraordinario.
Lo memorable es que esta era la primera fuerza y, hasta meses después, la única enviada por las provincias para enfrentar al agresor. Llegaron a Lima el 26 de mayo de 1864. Llegados desde el Callao a la estación antigua (hoy plaza San Martín), fueron recibidos con entusiasmo. Cuando pasaron por los balcones de Palacio de Gobierno el Vicepresidente, encargado del mando, salió a saludarlos. Les dijo: "Los tacneños tienen acreditado con gloriosas y repetidas pruebas su valor indomable, su patriotismo inextinguible".
En aquella gesta las repúblicas hermanas de Bolivia y Chile se unieron al Perú para apoyarlo en la guerra con la potencia europea. Por esta razón una asamblea permanente de la ciudadanía de Tacna decidió enviar comisiones a las capitales de los indicados países para agradecerles su adhesión. A Bolivia se envió a los señores Clodomiro Landa e Hilario Liendo; y a Santiago de Chile a los hermanos Felipe Santiago y Carlos Augusto Salaverry.
Cuando el presidente Pezet demostró debilidad frente al agresor y firmó el ominoso tratado Vivanco Pareja, Arequipa, Moquegua, Tacna y Tarapacá se levantaron apoyando al caudillo Mariano Ignacio Prado. El nuevo presidente, que enfrentaría a los españoles, llevó a Carlos Augusto Salaverry para que cumpliese las funciones de secretario personal. Entonces debió dejar Tacna para siempre.

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