Hace unos días Martha Meier Miró Quesada, exdirectiva del Diario El Comercio, de América Televisión y de Canal N, reveló a través del Canal 11 que en el programa Cuarto Poder del Canal 4 pagaban por obtener testimonios que les servían para distorsionar la verdad. Además del caso de Brasil, contó que también pagaron en dichos medios por los testimonios de las firmas falsas de Perú 2000, firmas que luego se comprobó que no eran falsas.

El domingo una furibunda Sol Carreño, conductora del programa dominical del 4, dijo en tono enérgico que es falso que Cuarto Poder o Canal N hayan pagado para distorsionar hechos o para manchar honras. Dijo muy molesta “ni reconocemos ni aceptamos transgresiones que jamás se han realizado”.

Clara Elvira Ospina había adelantado que ellos nunca han pagado ni pagan por obtener información. Hay una cosa muy clara independientemente de si uno está de acuerdo con que se pueda o no pagar por información: alguien está mintiendo.

Conocer la verdad debería ser el propósito de todo trabajo de investigación periodística. En esa búsqueda hay quienes avalan la posibilidad de realizar pagos para poder acceder a ella y hay quienes consideran que eso debe estar proscrito. Lo cierto es que más de un medio y de un equipo de investigación paga por acceder a cierta información.

Lo que no ha quedado claro es si en los medios en los que laboraba Milagros Leiva se paga o no por ello y si, además, como ha revelado Martha Meier, han pagado -también- para que se distorsione la verdad. Esta es la acusación más grave que pesa sobre los directivos de Canal N y América Televisión y que afecta al pilar de todo medio de comunicación: su credibilidad.