En Portugal es muy popular el refrán que dice: "Quem nace para burro, nunca chega a cavalo", lo que traducido al español es mas o menos: "Quien nace para burro nunca llega a ser caballo". Otro refrán del mismo país asegura que "Quem nasceu para burro de horta, mal pode cegar a ginete": "quien nace para burro de carga no puede llegar a ser jinete". Y esos refranes, salidos de la sabiduría popular, bien pueden ser aplicados simbólica y metafóricamente - con sus honrosas excepciones - a muchos de los postulantes a los Gobiernos Regionales y Municipalidades Provinciales y Distritales del Perú, que ahora como la mancha negra y redentores de un país ganado por la deshonestidad y la corrupción y urgido de una nueva clase política, han aparecido. Y no quiero ser despectivo o discriminador, por que al fin y al cabo, todos tienen derecho a pretender llegar a donde políticamente deseen. El problema es que para gobernar no bastan las buenas intenciones, los apellidos distinguidos, las influencias demagógicas. Porque eso no le hace ningún bien a una democracia que languidece, que se muere de perromuertismo, que es mejor a cualquier tiranía, pero que aún vive del compadrazgo manganzón, de la putería ideológica, con políticos que sólo aparecen en tiempos electoreros, pero que jamás dieron su vida por las causas populares. Ese es el problema. Y a mi tal vez, en el fondo, no me interesa que el burro quiera ser caballo o pretenda ser jinete. Lo que me preocupa es que sea elegido quien no posea las condiciones para ese merecimiento; y al final, no sepa qué hacer con la cosa pública cuando le entreguen el paquete. Y entonces, para salir del apuro, recurra a asesores más despistados que Adán en el Día de la Madre, que sólo quieren llenarse los bolsillos, que jalan para su molino y les importa un bledo el interés local, regional o nacional, o a los eternos "busca obras" con su diez por ciento de cutra en el birrete, que pugnan por ganar todas las licitaciones, aunque a media gestión las obras se caigan con el viento y no nos salve nadie de esa desazón que produce el desgobierno. Así que Señor, Señora, no se apure. Cuando tenga que votar reconozca al burro que quiere ser caballo y al jumento que pretende ser jinete. No vote por el que "roba aunque hace obra", ni por el malévolo compadrón ? como dice el tango - que no tiene ni planes de gobierno y no sabe ni adonde está parado. Vote por ese que siempre lo defendió, por el que ha acreditado su repulsa contra una corrupción que ofende la dignidad de nuestros pueblos y nos coloca en un estado de absoluta indefensión; por el que tiene ideas innovadoras y es capaz de identificarse con los más pobres, con los humildes, con los sin voz.
(*) Premio Mundial de Literatura "Andrés Bello" de Venezuela

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