Opinión

El relevo del poder en Cuba

Columna de Miguel Ángel Rodríguez Mackay

23 de Diciembre del 2017 - 08:48 Miguel Ángel Rodriguez Mackay

¿Realmente los Castro se van apartando del poder en Cuba? ¿Será acaso que por fin lo cederán aceptando que alguna vez aquello que consiguieron con la lucha de guerrillas en 1959, y que llamaron Revolución Cubana, es tiempo de traspasarlo a nuevas generaciones? Son algunas de las legítimas preguntas que se formulan los incrédulos dentro y fuera de la isla, a propósito del reciente anuncio de Raúl Castro de que postergará su permanencia en el gobierno por dos meses más, esto es, hasta abril de 2018. Desde que Fidel llegó al poder hasta el 2008 -49 años ininterrumpidos- en que recién por su menoscabo físico lo sucede su hermano menor Raúl -sigue al frente del país a sus 86 años de edad-, no hubo ningún relevo que pudiera insinuar algún espacio y oportunidad a nuevos rostros para el destino de Cuba.

Los Castro jamás dieron espacio a nadie y siempre se creyeron indispensables. Era la única garantía de mantenerse en el poder; además, Fidel jamás quiso sombras. Por eso, Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara, los otros dos descollantes y emblemáticos guerrilleros con los que Castro ingresó triunfante en La Habana aquel 1 de enero de 1959, haciendo huir al dictador Fulgencio Batista, fueron por el propio Fidel, factores de incomodidad para su inocultable protagonismo. Así, el sistema político totalmente dominado por los Castro no ha permitido que en Cuba se forjen cuadros políticos.

La Asamblea Nacional o Parlamento, que es unicameral y que sigue presidida por Raúl, jamás ha servido de plataforma para que de su seno pudieran salir los políticos cubanos del futuro. Con un partido único y totalmente controlado, el futuro de Cuba siempre fue visto a partir de la existencia de Fidel o Raúl. Nada más. La reciente postergación del alejamiento de este último crea gratuitas suspicacias. Pero si realmente dejará el poder en el nuevo plazo previsto, nada será extraordinario para la isla si quien lo sucede no es capaz de seguir y profundizar el cambio que los cubanos están esperando, luego de la normalización de las relaciones con EE.UU.