El último informe de Latinobarómetro coloca al Perú frente a uno de esos espejos incómodos que ya no podemos seguir ignorando: los peruanos todavía creen en la democracia, pero confían muy poco en el Estado que debería hacerla funcionar. El dato es contundente. El 53% de los ciudadanos mantiene su respaldo a la democracia como forma de gobierno. Sin embargo, cuando se les pregunta por la eficiencia del Estado, la calificación cae a apenas 3,6 sobre 10. Y solo el 9% expresa confianza en el Gobierno y en el Congreso.

Un Estado que no resuelve pierde autoridad. Un Estado que promete y no cumple pierde credibilidad. Un Estado que tarda en atender una emergencia, que no termina una obra, que no garantiza seguridad, que no ofrece servicios de salud adecuados o que permite que la corrupción se enquiste termina generando una peligrosa sensación de abandono.

El Perú no necesita más tiempo perdido ni promesas que se diluyan en el camino. La presidenta Keiko Fujimori tiene el desafío de dar, cuanto antes, señales claras de que los principales problemas de los peruanos serán atendidos con decisión, planificación y resultados. Pero esta responsabilidad no recae únicamente en el Ejecutivo. Las autoridades regionales y municipales elegidas el último 4 de octubre también tendrán que ponerse a la altura de las expectativas de l población.

Pero hay una buena noticia: más de la mitad de los peruanos todavía considera que la democracia es la mejor forma de gobierno. Ese dato demuestra que la tarea no consiste en abandonar la democracia, sino en hacer que funcione mejor.

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