Luego de las elecciones de 1990, Chema Salcedo escribió un ensayo para entender el inesperado e intempestivo crecimiento de respaldo de la candidatura de un desconocido. Lo bautizó como El tsunami Fujimori, no sólo haciendo referencia al parentesco japonés con el personaje en cuestión, sino como metáfora perfecta para comprender la causa de este fenómeno político. Los tsunamis -los recientes acontecimientos naturales nos permiten corroborar su significado- son reflejos, hasta cierto punto epifenómenos, provocados por grandes sismos que los antecedieron. El movimiento de las placas tectónicas de la sociedad peruana de los ochenta (conflicto interno, hiperinflación, crisis de representatividad) fue el origen de la aparición del outsider en la política peruana. Así como no hay tsunami sin sismo previo, no hay outsider sin crisis que lo anteceda.
En nuestro medio abusamos del uso del término outsider como si cualquiera lo fuera. Se cree que alguien que sube en las encuestas de un momento a otro lo es. O que basta que un político baile reggaetón en un programa televisivo para que lo sea. Tantos errores sobre el uso del término se han cometido, que la chapa le cae a todos. La confusión se agrava por el hecho de que los partidos políticos son casi inexistentes en nuestro medio, lo que hace que no quede claro si alguien emerge por dentro o por fuera del sistema partidario (aunque este concepto sea en sí mismo una exageración).
Un outsider es alguien que emerge por fuera del sistema político (medios de comunicación, fuerzas militares, deporte) y termina representando a un sector del electorado que no se hallaba enganchado con ningún proyecto político. Sólo se puede ser outsider una vez en la vida, porque luego de la aparición, su permanencia termina identificándolo con la clase política. Si bien Fujimori, Toledo y Humala fueron en su momento outsiders, inmediatamente luego de la primera elección se convirtieron en parte del establishment. Yo agregaría que un outsider llega a ser electoralmente exitoso cuando aparece en un contexto de crisis y cambio. Para volver a la metáfora original, cuando es precedido por un gran remezón. Fujimori y Toledo fueron outsiders exitosos por las crisis económicas y políticas que los precedieron, respectivamente. En momentos en que el electorado siente que tiene poco que perder ?ya lo dice Kurt Weyland-, se puede tomar riesgos como votar por un desconocido. Pero en contextos de estabilidad, el electorado se vuelve conservador, y los políticos que reflejen mesura son los preferidos (no casualmente Toledo dio el salto de outsider a insider). El Perú versión 2011 no es tierra fértil para outsiders. Ni volatilidad electoral, ni radicalismo, ni payasadas justifican la aparición de un tsunami. Sólo un fuerte sismo que no ha sucedido últimamente. ¿O usted lo ha sentido?

NO TE PIERDAS


