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Uno de los principales problemas que tenemos como sociedad es que nuestras instituciones funcionan mal o no nos representan. Lo fácil es criticarlas y quejarnos. Lo valiente es hacer un esfuerzo real para que mejoren. Hay instituciones que son pilares del Estado de Derecho y que, sin embargo, hoy son un desastre. Los conservadores luchan por mantenerlas y evitar que desaparezcan, lo que no es contrario a exigirles importantes reformas. Debemos aprender que las instituciones están por encima de las personas que las dirigen, que tienen una vida más allá de ellas, pero se apoyan en el idóneo proceder individual, que es imprescindible para el prestigio de las mismas. Con su desempeño, con sus manifestaciones y sus gestos, los representantes de las instituciones contribuyen a darles valor o a deteriorarlas cuando no están a la altura. La abogacía en el Perú requiere importantes reformas y el Ilustre Colegio de Abogados de Lima es una institución que puede cumplir un rol clave. Recordemos a Raúl Ferrero defendiendo la institucionalidad democrática en 1992. Si los abogados nos esforzamos de verdad, podremos construir una sociedad donde exista más justicia y en la que el Estado de Derecho sea una realidad. La modernización y reestructuración del CAL para ponerlo al servicio de la comunidad jurídica y del país es posible. Si queremos mejorar nuestro país, los abogados podemos empezar por casa.