En los tiempos en que Acción Popular era un partido importante y de militancia numerosa, la fuerza de choque que acompañaba a sus líderes y resguardaba sus locales políticos y actividades estaba integrada por matones conocidos como "coyotes".
Eran las épocas de la abundancia electoral, en las que la simpatía de su líder lograba ganar elecciones nacionales y municipales. Pero, como siempre sucede en política, la primavera no podía estar exenta de problemas. Internamente, luchas incesantes para lograr una mayor cuota de participación en los gobiernos. Externamente, para afrontar los cuestionamientos de los grupos de oposición, de los medios de comunicación y de la opinión pública.
Los "coyotes" eran siempre requeridos para poner orden interno o para amedrentar a los que desde afuera censuraban con firmeza los escándalos del partido en el gobierno. Escándalos como los contratos petroleros de la primera gestión (la famosa página 11) que fueron determinantes para generar un clima adverso que condujo finalmente al golpe de Estado velasquista de octubre de 1968.
O los del segundo gobierno como el caso "Mantaro y Pachitea", defraudación en la obtención de motonaves que significó una pérdida para el país de 73 millones de dólares de la época y en donde estuvo involucrado un ministro emparentado con el propio presidente Belaunde, y el de "Guvarte" para la construcción de cárceles sobrevaluadas por un consorcio español.
Los "coyotes" dejaron de existir con la desaparición del partido del mapa electoral nacional, pero gracias al último esfuerzo de Paniagua fueron colocados en el Parlamento los que al parecer serán los enterradores de su historia.
Una vez le dije bromeando a Víctor Andrés García Belaunde, que él sería el encargado de apagar la luz que cincuenta años atrás su tío Fernando había encendido. Hoy estoy convencido de que así será, como parece que él también.
Y para cumplir con el infausto papel de sepulturero de su historia política familiar, Vitocho no ha encontrado mejor homenaje que recordar a sus viejos correligionarios. Manopla en mano ha intentado esta semana hacer del Parlamento un escenario de catchascán. Su exaltación, sólo comparable con sus cálculos matemáticos o sus noticias "sin confirmar", lo ha llevado a utilizar métodos de viejo "coyote", el achoramiento, el atarantamiento y la grita, que a manera de ensayo forman parte de la escenografía que intenta obtener para desde allí leer el responso del viejo partido: la Presidencia del Congreso. ¿Nadie se ha dado cuenta?

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