El gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado (1968 - 1975) es uno de los más polémicos de la historia peruana. Un primer grupo de críticas al proceso se hace desde una perspectiva conservadora. Se defiende con nostalgia el pasado latifundista. Es una "crítica borbónica del velasquismo". Ello en virtud de que su crítica equivale a la que podría hacer un monárquico de la dinastía borbón sobre la revolución francesa, por ejemplo.
Esta crítica ignora que, por el bien del propio capitalismo en el Perú, la reforma agraria era una tarea impuesta por la historia a la burguesía peruana y que nunca llegó a cumplir de motu propio. Cómo se hizo es otro tema.
Otro sector de crítica, más atendible, tiene que ver con el reconocimiento de la necesidad histórica de la reforma agraria pero con discrepancias en su implementación. Las formas cooperativas no pueden imponerse verticalmente. Lenin, en la Rusia de los años 20 del pasado siglo, recomendó la introducción del cooperativismo en forma progresiva, con énfasis en la labor educativa y cultural. Después vino Stalin. Aceleró en 1929 la colectivización, presionado por circunstancias externas difíciles.
Velasco no fue "comunista". Aun cuando tuvo el apoyo de un sector de la izquierda, en sus discursos recusaba por igual al capitalismo y al comunismo, entendido este último, no como categoría sociológica, sino más bien como el sistema de países liderados por la entonces URSS.
En su Mensaje a la Nación del 28 de julio de 1972 sostenía: "?Surge la insalvable incompatibilidad entre nuestra posición y cualquier planteamiento conservador que postule la posición capitalista (?) E idéntica incompatibilidad existe entre nuestra revolución y los planteamientos comunistas (?) que postulan como prioritaria la propiedad estatal de los medios de producción y por ende la concentración del poder económico y político en el Estado, bajo la égida de un partido único que inevitablemente deviene totalitario y represivo".
El derrumbe de la URSS en 1991 y la reciente crisis capitalista desde el 2008 confirman certezas en el discurso velasquista. El comunismo de tipo burocrático y el capitalismo comparten razones de recusación histórica. Y eso es marxismo crítico.
Con aciertos y errores, hay un hecho concreto. Velasco marca un antes y un después en la historia peruana. Había un Estado oligárquico que reclamaba caducidad. De 1968 en adelante la superación de ello exige profundas reformas estructurales paralelas a una radical democratización de la vida social. El proceso velasquista pereció víctima de una contradicción: incentivar la participación popular pero manteniendo un estilo de conducción burocrático y autoritario. Ambas perspectivas son excluyentes a largo plazo.
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