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EL VERDADERO RIESGO ES EL RIESGO DE NO EXPLORAR, columna de Valia Barak Pastor

Miembro del Comité de Comunicaciones de la SPH.

Valia Barak Pastor

Actualizado el 27/06/2026, 07:36 a.m.

En el Perú tenemos la pésima costumbre de reaccionar cuando el problema ya estalló. Con la energía ocurre lo mismo: solo le damos la importancia que merece cuando suben los precios, cuando escasean los recursos o cuando la dependencia externa se vuelve evidente. Pero la pregunta de fondo sigue sin ser respondida: ¿por qué el Estado dejó de promover la exploración de hidrocarburos como una política estratégica de largo plazo?

Los datos son elocuentes: el año pasado, la inversión en exploración en el sector hidrocarburos fue de apenas US$ 9.28 millones, una caída de 97% respecto a lo invertido una década atrás. Al mismo tiempo, la producción nacional de petróleo bordea hoy los 44 mil barriles diarios, cuando en los años noventa superaba los 127 mil. No se trata, pues, de un hecho coyuntural sino de una preocupante tendencia.

En el caso del Gas Natural –pilar de la seguridad energética del país– la exploración se ve asfixiada por exceso de tramitología, sobreposición normativa, incertidumbre regulatoria, falta de planificación de largo plazo y una débil rectoría. Hoy tenemos menos contratos de exploración que hace quince años y proyectos que demoran más de tres años en obtener permisos que en países vecinos se resuelven en meses.

No explorar tiene costos reales. Menos producción significa más importaciones, mayor presión sobre la balanza comercial y menor capacidad del Estado para sostener políticas públicas. Significa renunciar a ingresos fiscales que, en el caso del gas natural, han demostrado ser claves para las regiones y para millones de usuarios que hoy acceden a una energía más limpia y económica.

Promover la exploración no es retroceder en estándares ambientales ni sociales, como suelen afirmar quienes desconocen el sector o mantienen prejuicios. Es, por el contrario, fortalecerlos con reglas claras, procesos eficientes y tecnología moderna.

El Estado no puede seguir actuando como un espectador pasivo en una industria que define la seguridad energética del Perú. Explorar es una responsabilidad pública.

La exploración es una actividad de alto riesgo, pero el verdadero riesgo para un país es no explorar.

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