Cuando se creó la empresa ELECTROSUR S.A. yo tenía diez años trabajando en el subsector eléctrico, al que me llevara mi querido amigo, gran tacneño, Óscar Ferrari Santa María.
Hasta aquel enero de 1985 la empresa formaba parte de ELECTROPERU y, desde Tacna, se dedicaba a la generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica en los departamentos de Tacna, Moquegua y Arequipa, menos la ciudad capital de éste último, al que servía la Sociedad Eléctrica de Arequipa (SEAL). La nuestra se denominaba UNIDAD DE EXPLOTACIÓN REGIÓN SUR OESTE (UERSO).
Ingresé cuando empezó su gestión el ingeniero César Valdivia Medina, un señor a carta cabal. Nuestra principal fuente de generación eran las centrales hidroeléctricas de Aricota, que suministraban energía a Moquegua e Ilo, apoyadas por la generación térmica de grupos en Toquepala y otras centrales pequeñas ubicadas en la costa y la sierra de Moquegua y de Arequipa. Recuerdo los grupos térmicos de Mollendo y Camaná, y otros ubicados en Caravelí, Chuquibamba, en la provincia de Sánchez Cerro, en Omate y en Torata.
En Tacna aún vivían una serie de servidores de la antigua empresa eléctrica, aquella que había tenido, por años, como su gerente al señor Edgar Empson Gallegos, el mismo que, adolescente, había izado por primera vez el pabellón nacional en una de las torres de la inconclusa catedral.
Al terminar el segundo gobierno del arquitecto Fernando Belaunde se empezaron a formar las empresas regionales. La Región Sur Oeste estaría conformada por Tacna, Moquegua y Arequipa pero, esta vez, con sede en la Ciudad Blanca. Cuando los tacneños conocieron esa noticia se reunieron para protestar y solicitar al Gobierno que la Región comprendiera -solamente- a Tacna y Moquegua.
El Comité Femenino de Defensa de los Derechos de Tacna encabezó las protestas. Es justo reconocer el trabajo de las damas tacneñas lideradas, entonces, por la señora Eliana Jara Almonte de Eyzaguirre. No hay que olvidar que esa lucha fue apoyada también desde adentro de la empresa. El poderoso Sindicato Único de Trabajadores de Luz y Fuerza participó activamente en las marchas a las que -sin distingo alguno- nos unimos el personal no sindicalizado y los funcionarios. Había que defender lo nuestro en las calles. Las protestas tuvieron éxito y la empresa ELECTROSUR S.A. nació como lo quisieron los tacneños.
En 1982 llegó a Tacna el ingeniero Hernán Acevedo García, para reemplazar al ingeniero Valdivia Medina, que había sido su jefe en las centrales de Machu Picchu. En enero de 1985, al crearse ELECTROSUR S.A., el primer presidente del directorio fue el ingeniero moqueguano Luis Pinto Fernández Dávila. Años después otro moqueguano, el ingeniero Antonio Biondi Cosío, ocuparía la presidencia. Otros presidentes de la empresa -de gratísima recordación- han sido Óscar Martorell Flores, Domingo Seminario Escudero y el viejo luchador social Carlos Millar Tumay. El ahora doctor Walter Valderrama Pérez integró el primer directorio y hoy lo preside acertadamente.
Confieso públicamente, como lo hago en privado, que ELECTROSUR ocupa un lugar enorme en mi ya viejo corazón. En esa empresa, gracias a ella, conocí gran parte del sur del país, ayudé a posesionarla en el medio, con discreción y oportunidad, contribuyendo a que su presencia llegara a la comunidad regional, que se conociera el fruto del esfuerzo de sus directivos, profesionales y técnicos.
No había momentos más gratos para nosotros que acudir a las ceremonias de inauguración de la electrificación en los pueblos más olvidados en los nuevos asentamientos urbanos en Tacna, Moquegua o Ilo. Durante la gestión del ingeniero Hernán Acevedo García llegamos a ocupar el segundo puesto entre las ciudades más electrificadas del país. Moquegua alcanzó el cuarto lugar. Todos trabajamos con un objetivo y como una gran familia pese a que la "indisciplina" laboral era fuerte entonces, que había nombramientos y una estabilidad para toda la vida, pasado el período de prueba. El sindicato armaba huelgas, tomaba los locales, pero trabajaba con identificación con la empresa, es justo reconocerlo. Debo nombrar, para la historia de la institución, a Fredy Acosta Vargas, el "Negro" Acosta, dirigente sindical casi perpetuo al que, para bien o para mal, se le debe recordar. Es un personaje inolvidable.
Cuando apareció el terrorismo se acabó la calma en la empresa. Los terroristas volaban torres, de la empresa generadora y transmisora, pero pagábamos el pato en ELECTROSUR, pues éramos nosotros los que firmábamos el contrato de suministro con los clientes. Teníamos que racionar la energía cuando había atentados en el sistema interconectado.
Recuerdo que una vez, por acción de la naturaleza, salió del sistema la Central Hidroeléctrica de Machu Picchu y tuvimos que contribuir a suministrarle energía. Otras veces eran los huaicos los que caían sobre las centrales Aricota y se debían hacer mil maniobras y coordinaciones con la empresa Southern Peru Copper Corporation para que el suministro no se suspendiera por mucho tiempo.
Tantos recuerdos. Algunos dolorosos. El más doloroso de todos para mí, como tacneño, fue el saber que un día de tantos, entre gallos y medianoche, unos directivos foráneos, de ingrata recordación, vendieron como chatarra los antiguos motores de la Empresa Eléctrica que hoy pudieron haber formado parte de un museo de la electricidad en Tacna. Nadie nunca dijo pío. Es que no todo puede ser un lecho de rosas.

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