Parece que el destino quiso que la muerte se hiciera eco de su poesía "Capricho", para llevárselo a la eternidad, el Día de la Patria, y cuando se disponía a hacer una de las cosas que más le gustaba: Escribir. Quizá antes de haber empezado a escribir sobre el mensaje del Presidente García que acababa de escuchar, tuvo que inclinarse ante "el hacha cortante de la muerte" como él decía.
Enrique, que me distinguió con su amistad tantos años y con quien tuve el atrevimiento de ponerme a discutir sobre algún tema, sobre todo de economía, ha viajado al insondable mundo del misterio que es la muerte; pero deja como herencia fundamentalmente intelectual, libros, obras, discursos, polémicas que hasta sus más severos detractores reconocerán como un gran legado.
Porque con su vida política se podrá discrepar, aunque él alguna vez me dijo que podía cambiar de partido, pero que sus principios y convicciones eran los mismos por donde fuera; pero lo que no se puede negar son sus cualidades intelectuales, de constitucionalista magnífico, su condición de abogado de fuste, su inmensa calidad de escritor, su vocación de historiador y de poeta.
En 1980 y como ya se ha dicho en Correo, encabezó la lista de candidatos a la Cámara de Diputados por Arequipa. Me pidió fuera sus asistente, cargo que acepté gustoso y del que aprendí muchísimo. Recuerdo que se compró una camioneta Hillman que en esa época estaban de moda y en ella visitamos medios de comunicación, distritos, instituciones, en franca y arrolladora campaña. Enrique fue elegido Diputado por Arequipa.
Poco amigo de ponerse corbata, usaba de ordinario guayaberas; se ponía una servilleta en el pecho cuando iba a almorzar, sobre todo cuando el plato escogido (casi siempre en el Sol de Mayo) era chupe de camarones y mientras almorzábamos me ofrecía conversaciones que eran para encantar a cualquiera. Culto como él solo.
Una vez le pregunté cómo hacía para escribir tan bien. Me contestó medio en broma, medio en serio: "Mientras tú estás tras las chicas, yo me estoy quemando las pestañas leyendo, porque para escribir bien hay que leer como un condenado".
No hay que olvidar que fue Presidente de la Federación de Periodistas del Perú y que discrepancias políticas al margen, también sufrió destierro en el gobierno de Velasco. Partidario del libre Mercado y enemigo jurado de la inflación que según él era el más severo impuesto que pagaban los pobres, no hay que olvidar que en su "Carta a Arequipa" pide ser enterrado en Arequipa el día de su muerte (ojalá alguna vez sus amigos podamos traer sus restos) cuando decía que anhelaba juntar aquí pañales y mortajas.
Me reservo (si la Dirección de Correo así lo permite) para el 15 de agosto dedicarle un artículo más amplio que incluya los poemas dedicados a esta nuestra tierra a la que amó entrañablemente.