Empieza el año 2014 con varios estrenos, entre los cuales resalta Escape imposible, nueva realización hollywoodense del sueco Mikael Hafström, cuyo mayor gancho es la presencia estelar de Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, quienes hacen de las suyas en una historia hecha a la medida de ambos. No hay que olvidar, empero, que los veteranos profesionales ya coincidieron en las dos primeras películas de Los indestructibles.
En cuanto a Hafström, se trata de un cineasta con cierto oficio que comenzó su carrera en su país de origen y se hizo conocido en el exterior gracias a tres desiguales largometrajes, el olvidable thriller Descarrilados (2005) y los relatos de horror sobrenatural 1408 (2007) y El rito (2011). Ahora, en su reciente aventura fílmica, pasa al cine de acción con bastante eficacia, pese a colocarse al servicio de sus dos estrellas y recorrer territorio conocido.
La apuesta del convencional guión de Miles Chapman y Jason Keller encuentra su mejor respuesta en la química que desarrollan los curtidos protagonistas. Sylvester encarna a Ray Breslin, todo un experto en seguridad, suerte de Houdini de las cárceles de máxima seguridad, a quien alguien tenderá una trampa que lo llevará hasta una inexpugnable prisión -paradójicamente diseñada de acuerdo a sus parámetros- de donde cualquier plan de escape resultará una tarea prácticamente imposible.
Arnold, por su parte, caracteriza al presidiario Emil Rottmayer, uno de los pocos que se aliará con Breslin para ayudarlo en su estrategia de fuga. Y como en todo relato de ambientación carcelaria la figura del alcaide suele tener algún relieve, aquí Jim Caviezel es el perfecto villano de turno y convierte al funcionario Hobbes en el peor enemigo de los reclusos, en especial de Breslin y Rottmayer.
HÉROES INDESTRUCTIBLES. Breslin quedará completamente incomunicado con el mundo exterior y sus fieles colaboradores (Amy Ryan y Curtis '50 Cent' Jackson) empezarán a sospechar que quien está detrás del complot es su ambicioso socio (Vincent D'Onofrio). Complicada situación que se agravará todavía más debido a la extrema seguridad de una edificación que parece sacada de una película de ciencia ficción y cuenta, asimismo, con represivos guardias debidamente ataviados y armados como si fueran robots.
Toda la lógica que puede hallarse en este entretenimiento responde a una premisa muy simple: que los héroes son indestructibles y tienen que salir airosos de todos los obstáculos que se les presenten. En ese mismo sentido, los malos están destinados a recibir su merecido tarde o temprano.
El mecanismo de la acción está plenamente garantizado por sus dos famosas figuras, quienes se entregan con sumo placer a las secuencias de peleas y balaceras. El presidio es el lugar perfecto para que pongan en práctica lo que saben. Por ejemplo, Breslin enfrentándose al guardia más salvaje (el británico Vinnie Jones) o Rottmayer cogiendo un fusil ametralladora para acribillar a los vigilantes.
Lo más divertido es ver a Stallone con el rostro tan rígido -por demasiadas cirugías- que sus expresiones son casi inexistentes, frente a un Schwarzenegger tratando de actuar más allá de lo que le exige su rol.



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