Estar comprometidos con el vendaval periodístico no nos aleja para nada esa parte de la vida que tiene a la música como base de cada acción, determinación y hasta pasión por un pentagrama determinado, por las letras de una canción hechas poesía y aquella descripción de hacer la vida, incluso, mucho más llevadera, cuando estamos disfrutando de una melodía sin par.
Con el perdón de nuestros lectores, hoy estamos en esa típica alegoría a quienes acompañaron y acompañan aún nuestros años cercados por una clásica etapa de estudiantes universitarios y ahora, por la inconfundible y original competitividad profesional?quién o quiénes no han escuchado alguna vez a Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, ambos cantantes de una verdad insoslayable entre la parte transparente y clara confundida con esa otra parte hipócrita de la sociedad española, entre la realidad de una dama aristocrática y la de una prostituta que trabaja por salir adelante y dejar la sórdida pobreza, entre el español franquista y ultra derechista de los años setenta con aquel republicano e izquierdista despreciado en su propia Patria.
Recordamos haber escuchado sus canciones en aquellas noches de trabajo periodístico inacabables, cuando estudiábamos algún tema de examen ligado a la filosofía o interpretación de textos comunes en los ochentas?cuando Joan Manuel Serrat nos recordaba a alguien al cantar ?la mujer que yo quiero- ?o cuando Joaquín Sabina cantaba ?incompatibilidad de caracteres- haciendo alusión a un imposible amor del que todos podemos hablar alguna vez.
Escuchar a Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat es un lujo que no nos hace despreciar ?lo nuestro- es un lujo que nos transporta hacia verdaderos mensajes de índole social y hasta contestatarios en algún modo. Es no dejarse envolver por falsas poses extranjerizantes, sino, aceptar que tanto en el Perú como en España existen personas sensibles, sinceras, hipócritas, beatonas, beatones, embusteros y carroñeros?sus canciones sencillamente marcaron nuestra época, una época en donde se priorizaba las luchas sociales indiscutiblemente.
Ojalá volvamos a escuchar viejas melodías y letras con tanto mensaje?ojalá tengamos nuevos Sabinas y Serrats para darnos cuenta que la música aparte de ser un medio de lucha social, también es un icono generacional. No se trata de despreciar o no querer lo nuestro en relación a la música, se trata de compartir la poesía hecha canción que siempre nos siguen ofreciendo Sabina y Serrat, se trata de tararear viejas canciones con mensajes de igualdad y reclamo social; se trata de admirar lo bueno entre canción y canción. Se trata sencillamente de seguir escuchando a quienes aún nos siguen enseñando a través de sus canciones, que la vida no es igual para todos.