"Quiero escuchar tu silencio, saber qué existe detrás de tus palabras? quisiera tener el poder de escuchar la voz de tu corazón y comprender aquello que me dices aun sin decirme nada?"

Recuerdo que cuando estaba en la universidad aprendí acerca del lenguaje no verbal, aquel lenguaje que iba más allá de las palabras, el que se manifestaba con nuestra expresión corporal, nuestros gestos, nuestras emociones, todo aquello que comunicábamos sin hablar ni decir nada.
Nuestro docente comentaba en aquella clase que el lenguaje no verbal constituía aproximadamente un 80% o más de la real comunicación que se daba entre dos seres humanos y por lo tanto tenía un poder realmente grande en nuestra vida y en la constitución de nuestras relaciones. A ese lenguaje no verbal lo llamo hoy el lenguaje de las emociones y la corporalidad.
Esta semana tuve la oportunidad de participar de la III Convención de Facilitadores para el Desarrollo Humano y Social realizada en Perú, donde participé de un taller que nos mostraba nuevamente la importancia de estar atentos a las expresiones no verbales que emitían los demás para lograr establecer relaciones de confianza y tener la capacidad de trabajar en equipo y ejercer liderazgo en nuestra vida.
En medio del taller todo comenzó con el silencio, con mirarnos los unos a los otros y conectarnos solo con la fuerza de nuestros ojos. Fuera de las palabras el clima que se generó fue increíble, pareciera que en la ausencia del lenguaje empieza a surgir otro tipo de relaciones, conectadas desde lo más profundo de nuestro ser, desde un lugar que me permite apreciar al otro desde su más completa totalidad.
Luego, cada uno empezó a saludarse, al principio solo tocándonos las manos y, aun en ese silencio, podíamos reconocer quiénes denotaban mayor seguridad, quiénes mostraban desconfianza, quiénes tenían miedo y quiénes esquivaban su mirada con la de los demás.
Posteriormente empezamos a caminar como usualmente lo hacíamos en el día a día? En ese espacio nuevamente empezamos a descubrir cosas nuevas, los diferentes pasos, los ritmos distintos, las posturas, los gestos, todo ello reflejaba mucho de lo que nos pasaba a cada uno por dentro.
Esta experiencia me volvió a conectar con el sentido del coaching, cuando en algún momento de la conversación el coach deja de escuchar las palabras y empieza a escuchar el cuerpo, los gestos, la postura, pues sabemos que esto refleja mucho de lo que en realidad está pasando dentro de la persona. La información obtenida nos permite muchas veces ofrecer preguntas que puedan ayudarlos a ver nuevas posibilidades para su vida.
Recuerdo que también en medio de la convención hubo la oportunidad de conversar acerca de los diversos conflictos sociales que existen en nuestro país y llegamos a la conclusión de que NO aprendimos a escuchar, y no solamente no aprendimos a escuchar palabras, sino olvidamos escuchar emociones, escuchar anhelos, escuchar pedidos, clamores, detrás de aquellas palabras que se dicen. Mientras no desarrollemos capacidades que nos permitan oír lo que hay detrás del lenguaje verbal, los conflictos seguirán, continuaremos en la incomprensión, en el desacuerdo.
Y acercándonos un poco más a nuestra realidad diaria, ¿cuántas veces escucho lo que en realidad quieren decirme mi pareja, mis hijos, mi jefe, mis amigos?
¿Sabemos escuchar realmente a los demás? ¿Somos capaces de identificar la tristeza que se esconde detrás de un "estoy bien", o el miedo que pueda existir quizás en un "puedo hacerlo solo"?
¿Te has detenido alguna vez a mirar cómo se te dicen las cosas? ¿Qué quiere decir el otro más allá de lo que te dicen sus palabras? Esta es una invitación a que explores una nueva forma de escuchar a los demás, una forma que va más allá del lenguaje cotidiano, que busca que nos conectemos con el "real sentir" de la persona que tenemos en frente.
Mantente atento a sus gestos, ¿qué te dice su corporalidad? ¿Cómo son los tonos de su voz? Quizás agudizar más los sentidos podría ayudarnos a evitar conflictos, establecer mejores relaciones, comprendernos mejor, generar confianza, sentirnos bien y hacer sentir bien a quienes comparten la vida con nosotros.
Y si la persona con la que nos comunicamos está físicamente lejos de nosotros, ¿cómo podríamos observarla? Pues bien, te contaré algo que realizo cuando la escucho, ya sea por celular o Internet, llega un momento dentro de nuestra conversación en que cierro mis ojos, la imagino, intento recrear su rostro, su postura, escucho atenta sus cambios de voz, y desde ahí busco saber cómo está, qué está sintiendo, qué busca decirme. Sé que más allá de todo lo que pueda contarme a través de sus palabras, hay algo más profundo que nos conecta, que es la fuerza de nuestro espíritu y corazón, que trasciende todo lenguaje humano. ¡Bella semana y que esté llena de hermosas conversaciones con quienes están cerca de ti!

(*) Coach ontológica certificada por Newfield Network
www.nerynina.com