En los últimos meses hemos podido apreciar en la escena política nacional infinidad de discusiones sobre temas de índole económico, moral, social y político que vienen conmocionando nuestra sociedad y la convivencia pacífica que todos deseamos.
Evidentemente no es propósito de este columnista tomar partido por cualquiera de estas posiciones, no sólo porque implicaría entrar a terrenos de carácter político; sino porque soy consciente que ellas pueden tener su lado de verdad y que definitivamente habrán ciudadanos a favor o en contra de cada una de ellas que merecen nuestro respeto. Ese no es nuestro propósito, nuestra preocupación en esta fecha es motivar una reflexión de cuál debiera ser nuestra actitud o nuestro rol como peruanos para que el país sea cada vez más grande.
Todos sabemos que la paz es el motor del progreso, que no puede haber desarrollo cuando se vive en medio de convulsiones. Por eso consideramos que nuestro objetivo debe ser la búsqueda de la paz, convivencia pacífica que permita que todos y cada uno de nosotros podamos desarrollar al máximo nuestras facultades en bien de nuestro país. Para ello es indispensable que todos colaboremos y tengamos una participación activa en las mejoras de las condiciones económicas y sociales; de otro modo nos convertiremos en meros espectadores.
Creemos que el peruano tiene que aportar a parte de sus meros conocimientos, porque es depositario de una milenaria enseñanza y partícipe de una escuela de moralidad cuyos postulados nos legaron nuestros antepasados: AMA SUA, AMA LLULLA, AMA QUELLA, que quiere decir: No robes, no mientas y no seas haragán.
Efectivamente hemos visto diversos flagelos que azotan a nuestro país y podemos afirmar sin temor a equivocarnos que ellos tienen su origen en la falta de respeto al derecho ajeno, la corrupción, la violencia y la falta de cultura que reflejan una pérdida de valores.
Por ello es imperativa la recuperación de valores morales, los que nos permitirán lograr la soñada convivencia pacífica en que la gente no abuse dañando a los demás, que los reclamos sean atendidos sin necesidad del uso de la violencia, donde la decisiones no sean tomadas atendiendo a chantajes, tratando de sacar partido de alguna posición temporal y que nuestros actos no sean razón de maltratos o discriminación. Finalmente en donde sepamos que la paz se logra con respeto.
Sin embargo viene la pregunta: ¡?Siendo nosotros simples mortales cargados de vicios?! ¿Cómo podremos lograr que estos principios y valores sean universales? Pues la repuesta viene del conocimiento de nuestro propio ser, reconociendo nuestras habilidades y luchando sin descanso contra ellas.
Estamos seguros que de esta manera lograremos cambios de actitud generalizados que permitan conseguir el objetivo de paz para el progreso de nuestra patria, y seamos libres como dijo don José de San Martin, pero libres también de la corrupción, abusos y de los malditos chantajes políticos.
Con estas expresiones y de homenaje a un respetable Inspector Regional hermano y amigo, me despido de ustedes amigos lectores deseándoles un Feliz 28 de Julio y hasta la próxima semana.
juanyepezleon@yahoo.com