Se cuenta que Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, coincidió una vez en el camino a su palacio con una anciana. La mujer solicita cortésmente la atención del rey, pero Filipo II contesta displicentemente alegando no tener tiempo. La anciana, sosteniendo la mirada, impidiendo que aflore la ira y pensando fríamente para despertarlo del letargo al rey, exclama: ¡Si no tiene tiempo para nosotros, entonces no sea rey! Filipo II, volviéndose a la anciana con aire pensativo, detiene inmediatamente el caballo, desciende dirigiendo sus pasos en dirección a la suplicante y cumple debidamente con su condición de rey. Esta breve historia -alterada deliberadamente en algunas partes por mí, pero sin influir en el fondo-, es recogida por el humanista Erasmo de Róterdam en sus Apotegmas, una obra de recolecciones de historias llenas de sabiduría antigua que muestran virtudes éticas. Esta historia, que tiene la clara intención de formar rectamente la conciencia de los gobernantes, me parece indisociable de un hecho real, ocurrido en la ciudad de Arequipa, en julio de 2020, cuando Celia Capira, esposa y madre, persigue durante varios minutos implorando que se detenga el auto en el que se encontraba el expresidente de la República Martín Vizcarra, para pedirle ayuda ya que su esposo, en grave condición de salud, estaba por fallecer. El exmandatario Vizcarra -que, en esta última semana, reapareció en los medios de información debido a complicaciones judiciales-, con asombrosa indiferencia, continuó su camino sin alterarse por el dolor del prójimo. La recirculación del infame video al que aludimos, sigue despertando indignación y generando incontables críticas.