Un empresario tiene que escribir una carta de recomendación, para un empleado más bien vago. No quiere mentir acerca de su empleado, pero tampoco quiere decir la verdad. Después de una cuidadosa reflexión, escribe en la carta de recomendación: "Usted será afortunado si consigue que esta persona trabaje para usted."
Esto que es un chiste puede convertirse en un problema. La "ambigüedad" se distingue de la "vaguedad" en que siendo el significado claro y definido, admite dos (ambo) interpretaciones igualmente válidas. Significa dos cosas opuestas al mismo tiempo. Claro que nuestras expectativas permiten la mayoría de las veces entender la expresión de manera adecuada, como en este titular de prensa: "Intervienen vehículos con combustible ecuatoriano" por el que podría decirse que los policías se dedican a intervenir vehículos (por distintos motivos) utilizando (ellos) combustible ecuatoriano, aunque entendemos -por nuestra familiaridad por el contexto- que los intervenidos son los que traen combustible ecuatoriano (de contrabando), a este lado de la frontera.
Otro día pude leer, en otro periódico: "Impiden robo a camión Backus buscando botín de 30 mil soles". Estamos familiarizados con la manía de nuestros queridos periodistas de quitar artículos y preposiciones, pero deben estar advertidos de la facilidad con la que caen en ambigüedades en los titulares, y es que el gerundio provoca una duda graciosa, porque no se sabe si los que buscan el botín son los ladrones (que es de suponer) o los que se atrevieron a impedir el robo de marras (en principio, el gerundio comparte siempre el sujeto del verbo principal).
En una de esas tantas cartas que llegan al correo electrónico se ofrecían unos "profesionales en reparación y mantenimiento de impresoras y pcs," (la abreviatura tiene miga), que terminaban su mensaje diciendo: "llámenos y estamos seguros que seguirá llamándonos", y no se sabe si es que hay que seguir llamando porque nunca nos harán caso o porque luego del arreglo la cosa no tardó mucho en averiarse de nuevo o es que realmente el servicio es tan confiable que volveremos a usarlo.
La ambigüedad se convierte verdaderamente en un ?cáncer? en los textos jurídicos, como en el caso expuesto por Riccardo Guastini respecto al artículo 59 de la Constitución italiana: "Podrá el Presidente de la República nombrar senadores vitalicios a cinco ciudadanos...". Cabe aquí entender que cada presidente que llega está capacitado para nombrar a cinco personas, independientemente de que sigan vivos o no los anteriormente nombrados, con lo que el número de senadores por denominación presidencial iría aumentando hasta un promedio de tal vez quince, veinte o treinta (dependiendo de qué tan longevos sean, y algunos juristas suelen serlo, y mucho: quien vive mucho vive feliz, y de lo rápido que cambien los presidentes, que en Italia todo puede pasar). O bien debe entenderse que el Presidente solo podrá nombrar senador vitalicio a un ciudadano en caso de que haya fallecido uno de los senadores de nombramiento presidencial, hasta un máximo de cinco.
Una disparidad de mucha mayor trascendencia nos tuvo en jaque con la interpretación, en el Perú, del artículo referido a una "reelección" también presidencial.
Por supuesto, la expresión jurídica suele extenderse con inevitables reiteraciones y especificaciones y rectificaciones "para evitar la ambigüedad", lo cual es bienvenido siempre y cuando no sea para tornar incomprensibles las leyes o las sentencias. La ambigüedad es un defecto grave del lenguaje, en el que debemos inculpar a todos los idiomas por igual, sin preferir uno u otro, porque ninguna lengua es perfecta.
Pero queda un consuelo: gracias a ello es que no necesitamos conocer perfectamente una lengua para poder comunicarnos con ella. Sabiendo un poco de inglés nos podemos "defender" a veces, si viajamos al extranjero. Y así el lenguaje es un generoso puente de fraternidad que une sin distinción a los más leídos y a los más ignorantes. Manejarlo del mejor modo posible es lo que toca a los que tienen responsabilidad en el gobierno y en el ejemplo, por el bien de todos.

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